Los martes de septiembre y octubre Vera Giaconi coordina el taller «Lo que cuenta». Aquí brinda detalles de su propuesta, explica cuál es la importancia de conocer técnicas narrativas y por qué un cuento es una construcción poderosa y frágil a la vez. Inscribite a través de info@fundaciontem.org.

-¿Cuál es la propuesta general del taller?
-Hay mucho para discutir alrededor de la noción de “cuento”. ¿Gana por knock out o debería ser una experiencia capaz de conmover al lector? ¿Qué lo define y cuáles son sus fortalezas? ¿Qué es un “buen” cuento? ¿Cómo se crea un artefacto de ficción breve y acotado a un determinado universo que pueda volverse inolvidable? La propuesta del taller es abordar estas preguntas desde la teoría y la práctica, con lecturas y consignas de escritura.

-¿Es necesario tener conocimientos previos o un proyecto de escritura en marcha?
-No hacen falta conocimientos previos ni un proyecto en marcha. La idea es pensar y discutir lo necesario para, a partir de entonces, encarar la escritura de un cuento con la mayor cantidad de herramientas posibles.

-¿Cómo hace un escritor para elegir las herramientas adecuadas para su historia? ¿Cuál es la importancia de conocer estas herramientas?
-Conocer las técnicas y herramientas narrativas con las que se construye una historia es una forma de crear un puente entre la emoción y el sentido. Saber cuándo iluminar un detalle o cuándo pasar por alto un camino tentador pero innecesario para la trama son algunas de las decisiones que hay que tomar mientras estamos escribiendo. Y tomar ese tipo de decisiones a veces es algo intuitivo, pero la mayoría de las veces depende de poder tomar distancia de lo que estamos haciendo para analizarlo fríamente, como un cirujano, y elegir con qué instrumento avanzar, intervenir o modificar el rumbo. Creo que pensar y discutir acerca de esos instrumentos y ponerlos a prueba es la mejor forma de aprender a pensar un cuento y de entrenar, además, la intuición.

-¿Por qué seleccionaste autores como Cheever, Shirley Jackson o Felisberto Hernández para trabajar durante el taller?
-Elegí autores, pero especialmente elegí cuentos, determinados cuentos que son una guía y que además me van a ayudar a hablar de algunas cosas que me parecen fundamentales: desde la creación de un personaje y las formas de construir una trama, hasta la forma de manejar el tiempo, o de aprovechar la respiración de una frase. Y trabajar con autores que van de Cheever a Shirley Jackson, con todos los que hay entre ellos, es una forma de abrir el juego a distintos géneros, de pensar desde el realismo pero también desde el fantástico, de no analizar una sola forma de cuento y sus posibilidades sino de combinar la mayor cantidad de miradas posibles sobre el mundo y las maneras de narrarlo.

-¿Por qué considerás que el cuento, como decís en la presentación del taller, es un artefacto «frágil y fascinante»?
-El cuento como género es muy poderoso. Cuando establece una relación genuina con el lector, cuando se convierte en una experiencia, el cuento queda, deja una huella y produce un efecto de lectura muy diferente al que produce la novela. La experiencia es breve pero, si todo funciona, mucho más intensa, porque la magia ocurre en pocas páginas, a veces con muy pocas palabras. Pero esa misma brevedad hace que también sea frágil, porque la relación con el lector debe renovarse en cada línea; la tensión y el interés, la belleza y la acción deben estar vivos siempre. Como yo lo veo, un cuento debe ofrecer una sensación verdadera, y conseguirlo a veces no depende de la habilidad técnica, sino de haber sabido sentir y pensar, y de construir con eso un pequeño mundo que le permita al lector lo mismo: pensar y sentir.

Foto: Verónica Martínez / Archivo Fundación TEM

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