En el marco del Día del Periodista, Fundación TEM realizó una consulta a profesionales y teóricos de Argentina y de América Latina sobre la situación actual de este oficio. El cuestionario es similar en todos los casos. Aquí, las respuestas de Adriana Amado.

-¿Cuál es la situación actual del oficio periodístico?
-El periodismo nació con la modernidad, junto con las democracias y los medios masivos: las profundas transformaciones políticas y tecnológicas de estos tiempos redefinen profundamente su rol, sus competencias, su lugar en la sociedad. Pero el factor más transformador, y quizás menos atendido, es que los ciudadanos cuentan como nunca antes con la posibilidad de informarse sin su intermedio y ser fuente de otros ciudadanos, incluso antes de que el propio periodista. En los últimos años y muy aceleradamente el periodismo pierde el privilegio de la información y los medios pierden su monopolio. El periodista no entiende bien cómo acomodarse en esta nueva circulación de la conversación social.

-¿En qué influyen las empresas periodísticas en la construcción de la información? ¿Y las coyunturas políticas?
-Por primera vez Argentina participó en una investigación global sobre el periodismo y sus factores de influencia. Los datos que arroja el relevamiento, en todo el país y en todo tipo de medios, señalan que la propiedad de los medios no determina diferencias en cuestiones como procedimientos de reporteo, libertad para cubrir las noticias, confianza en otras instituciones sociales o prácticas éticas. La comparación con los datos internacionales, en cambio, muestra que son mucho más determinantes los factores del contexto sociopolítico, como el hecho de que el periodismo argentino es parte de una sociedad post autoritaria. Nuestros índices nos ubican con países del este europeo, Sudáfrica o las recientes democracias asiáticas. En sociedades con baja institucionalidad democrática ocurre que los medios, cualquiera sea su estructura propietaria, y los periodistas, en cualquier medio en que trabajen, no cuentan con el respaldo para su labor. Y por tanto quedan más a la merced de las circunstancias que en países con sindicatos fuertes o sistemas judiciales independientes. Necesitamos saber mucho más sobre cómo operan los factores de influencia reales y dejar de hablar tanto de los que suponemos.

-Si antes los periodistas se formaban en las redacciones, ahora se forman también en espacios académicos, talleres, etc. ¿Comparte este análisis? ¿Qué se gana y qué se pierde en esta situación?
-Las redacciones dejaron de ser el lugar de encuentro como antes: la conversación suele extenderse tanto como las redes de cada quien permita. Incluso periodistas que comparten la sala suelen dialogar más por chat que al lado de la máquina de café. Eso expande de una manera inigualable el alcance del periodista, que puede chequear al instante una información o conversar sin cita previa con un funcionario. Tiene la contracara de haber empujado a otros espacios la reflexión y el aprendizaje. Pero, bien mirado, es una gran oportunidad de abrir el periodismo de las cápsulas de saber en las que solía encerrarse.

-¿Cuáles son los desafíos de quienes decidan hacer del periodismo una profesión?
-Estamos todos tan obsesionados en transmitir, opinar, difundir que nos olvidamos que esos derechos no son nada sin estar apoyados en la investigación y la información. El derecho a antena no es tan crítico en una sociedad de tecnologías de redes, pero se vuelve crucial la capacidad de discernir, preguntar, indagar, ir más allá de las toneladas de información que las fuentes difunden, en muchos casos como estrategia para evitar que alguien les pregunte lo que quieren ocultar. Se cita mucho esa frase de Hearst de que informar es dar a conocer algo que alguien no quiere que se sepa (que no se sepa que viene de un magnate de los medios comprueba que es más fácil repetir que cuestionar). Sin embargo, el periodista cada vez tiene menos recursos, tiempo y poder para investigar más allá de lo que viene filtrado o promocionado por la máquina de propaganda y relaciones públicas. Entre los periodistas que encuestamos en toda Argentina surge una media de 20 notas por semana. El periodismo perdió la iniciativa frente al manejo estratégico de la información de la política y las empresas. El desafío mayor del periodismo es volver a ser el origen de la información y no meramente su comentarista.

Adriana Amado es doctora en Ciencias Sociales (Flacso) especializada en comunicación pública y periodismo. Es docente e investigadora en Latinoamérica y España. Sus últimos libros son Política pop: de líderes populistas a telepresidentes (Paidós, 2016) y Periodismos argentinos, modelos y tensiones, obra colectiva que editó desde la ONG infociudadana.org.ar.

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