En el marco del Día del Periodista, Fundación TEM realizó una consulta a profesionales y teóricos de Argentina y de América Latina sobre la situación actual de este oficio. El cuestionario es similar en todos los casos. Aquí, las respuestas de Javier Sinay.

-¿Cuál es la situación actual del oficio periodístico?
-En mi opinión, atravesamos una era de transformación para la industria de la información. La caída de ventas de la prensa gráfica y el auge de los medios digitales traen una incógnita: ¿cómo reenfocar el negocio y hacerlo redituable? Y nadie está encontrando, por ahora, una respuesta genial.
Hay quienes dicen que el periodismo murió y usan hashtags como #findelperiodismo. A mí me parece que es un diagnóstico errado porque ignora la historia del periodismo profesional y es ciego a la razón de ser del periodismo, que es tan obvia como contarle al ciudadano qué es lo que está pasando a su alrededor, ofrecerle pistas para vivir mejor, alertarlo de las amenazas y entretenerlo.
No veo por qué el hombre del siglo XXI dejaría de tener la necesidad de saber todo eso, de modo que, en mi opinión, el periodismo evolucionará, y ya veremos hacia dónde.
La incógnita en la que se encuentra la industria influye en la práctica: en época de recursos limitados, las ideas se multiplican. Crisis es oportunidad.

-¿En qué influyen las empresas periodísticas en la construcción de la información? ¿Y las coyunturas políticas?
-Las empresas periodísticas tienen líneas editoriales e intereses que muchas veces condicionan las noticias y que siempre las enmarcan de uno u otro modo. A la vez, las empresas compiten en busca de la información y de las primicias, por lo que esos marcos pueden adquirir condiciones laxas, si lo que está en juego es llegar antes que el medio rival.
Es imposible dar una noticia en condiciones de laboratorio, y a la hora de leerla o de escribirla siempre hay que tener en cuenta qué medio la está llevando. (A veces me consultan si una nota es viable, y antes de responder, suelo preguntar en qué medio será publicada.) De todas maneras, los medios no son monolíticos sino dinámicos y en general plurales, y por eso hay chance de escapar a la rigidez de sus marcos editoriales, haciendo uso de ciertos formatos laterales (o de ciertas secciones) que escapan a la regla.
Las coyunturas políticas influyen siempre en la construcción de la información. Un ejemplo sencillo y notable de esto es la década larga en la que el kirchnerismo y Clarín estuvieron en guerra, y cómo ese diario informó sus noticias, desde que prisma y con qué cosmovisión.

-Si antes los periodistas se formaban en las redacciones, ahora se forman también en espacios académicos, talleres, etc. ¿Comparte este análisis? ¿Qué se gana y qué se pierde en esta situación?
-Sí, lo comparto. Los espacios académicos y los talleres son territorios de reflexión y de autocrítica muy valiosos. Si los saben aprovechar, los periodistas pueden intentar comprender ahí para qué hacen lo que hacen, y pensar qué dirección darle a su carrera y a su misión frente a la sociedad.
De todas maneras, no creo que un periodista pueda reemplazar tan fácilmente a la redacción, que es la escuela y el escenario primario de su trabajo. La redacción es el único y verdadero sitio donde se aprende a hacer este trabajo y ahí, mejor que en cualquier otro lado, se ven las grandezas y las miserias de los periodistas.

-¿Cuáles son los desafíos de quienes decidan hacer del periodismo una profesión?
-El gran desafío es entender para qué uno quiere ser periodista y, más allá de las gratificaciones personales (que no son poca cosa, pero que son un asunto individual), qué va a darle este periodista a la sociedad con su oficio. Y si no a la sociedad, al menos al prójimo que en cada nota el periodista toca. Claro, también están la curiosidad, el rigor, la ética, el esfuerzo, el talento y la belleza estética. Pero creo que todos esos retos son deudores de aquel gran y primer desafío, que es responder esta pregunta, aparentemente sencilla: ¿para qué hago lo que hago? En tanto uno pueda responderla, hará mejor periodismo porque conocerá su causa.

Javier Sinay (Buenos Aires, 1980) es periodista. Publicó los libros de crónicas Los crímenes de Moisés Ville (Tusquets, 2013), Sangre joven (Tusquets, 2009; mereció el Premio Rodolfo Walsh en la XXIII Semana Negra de Gijón, España) y Las ratas invaden la escena del cuádruple crimen (y otras crónicas) (BPL, 2016). Sus textos han aparecido en los diarios El URniversal (México), La Nación y Clarín; y en las revistas Rolling Stone, Etiqueta Negra, Gatopardo, Letras Libres y Ñ, entre otras. Lleva adelante el sitio elidentikit.com. En 2015 ganó el Premio Gabriel García Márquez de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) por su nota “Rápido. Furioso. Muerto”, publicada en Rolling Stone. Ganó también un premio TEA Estímulo, uno del Fondo Nacional de las Artes y tres premios Perfil. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires.

Foto: Verónica Martínez / Archivo Fundación TEM

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