El director catalán Marc Caellas convocó a cinco escritores y una periodista cultural para poner en escena textos del narrador estadounidense David Foster Wallace. Una experiencia singular en la Fundación Tomás Eloy Martínez.

 

Un hombre y una mujer están sentados junto a una pequeña mesita circular apenas iluminada con velas. Él comienza a describir lo que, entiende, es un reconocible patrón de comportamiento en sus relaciones sentimentales. Se explaya con seguridad sobre los mensajes contradictorios que suele enviar a sus parejas. La mujer oscila entre dejarse afectar por el discurso del otro o tomar registro de cada una de las palabras que está escuchando con su pequeño grabador de periodista. Por sus reacciones inferimos que está involucrada en la historia sin embargo, él habla con tal distancia y objetividad que, por momentos, no sabemos si lo odia por víctima o por solidaridad de género.
Somos tan sólo 30 espectadores reunidos en la bella sede de la Fundación Tomás Eloy Martínez recientemente inaugurada para presenciar estas Entrevistas breves con escritores repulsivos. El catalán Marc Caellas convocó a cinco escritores y a la periodista cultural Ivana Romero para llevar a escena textos del desaparecido narrador estadounidense David Foster Wallace. El grupo es heterogéneo: Roni Bandini, Lucas Funes Oliveira, Guillermo Piro, Esteban Feune de Colombi y Martín Seijo. Escritores que provienen de la narrativa, la poesía, la dramaturgia y que han publicado tanto en pequeñas editoriales independientes a partir de la autogestión, como en la Web y también en grandes sellos.
Tratándose Buenos Aires de una ciudad con una densidad importante de actores por metro cuadrado le preguntamos a Caellas por su decisión de convocar para esta propuesta escénica a quienes no tienen necesariamente una gran formación actoral. El autor de Carcelona replica con todo un manifiesto: «Creo que nadie mejor que un escritor para presentar a otro escritor al que admira o sigue o lee. Creo que la literatura es espectáculo y quienes lo juegan bien son los escritores. Creo más en la honestidad emocional que en la destreza técnica para representar las emociones. Finalmente, citando a Bolaño, si tuviera que atracar un banco lo haría con un grupo de poetas.» El clima de las escenas queda instalado desde el comienzo. Una obra pseudo-documental -son no-actores encarnando un texto de otro- que cruza de manera sutil la difícil relación entre teatro y narrativa.
Entrevistas breves con hombres repulsivos ya había sido llevada al cine en 2006 de la mano virtuosa de John Krasinski. En aquella oportunidad, la historia se desarrollaba en un ambiente universitario y culto. Las situaciones estaban planteadas con simpleza no exenta de elegancia minimalista. Sin necesidad de detenerse en explicaciones, veíamos sucederse las «confesiones» que tenían por destinataria o testigo privilegiada a Sarah, una joven profesora recientemente separada y ampliamente formada en teorías de género. En la transposición de narrativa a cine, Krasinski logró fijar el interés en la pregunta por lo masculino. A partir de anécdotas ligadas a lo sexual -aunque no exclusivamente- fue construyendo un catálogo de la desorientación masculina en tiempos del posfeminismo.
Tanto en el libro como en la película no se presentan casos patológicos, violentos o peligrosos. Con diverso grado de honestidad, vehemencia e implicación emotiva ninguno de estos hombres se sale de lo que podríamos aceptar como «normal». Hecho que nos lleva a preguntarnos en qué consiste, finalmente, lo «repulsivo» de su discurso. ¿En qué radica, pues, la repugnancia, asco o aversión que se avisa en el título? La clave la da el mismo Foster Wallace al usar el término. El matiz de velada condena moral desestabiliza, en la exhibición de la falta, la obviedad de la ofensa. En la película lo repulsivo resultaba de hacer hablar a los hombres sobre sí mismos y llevar la escucha al campo teórico que tanto ayudó en su momento a las mujeres.
Aunque persiste cierto sustrato psicoanalítico, Marc Caellas instala la situación de base para su propuesta escénica en el ámbito periodístico. Son «entrevistas a escritores». Veremos a hombres jóvenes, educados y heterosexuales tomando la palabra. Obviamente necesitarán de una mujer que los escuche. Este papel recae en Ivana Romero. Sus anteojos de grueso marco negro imponen cierta distancia intelectual que la vuelven un interlocutor atento y válido. Al mismo tiempo, sus altísimas y sexies sandalias negras hablan de fetichismo posfeminista. Nada más estimulante al narcisismo del escritor que una bella e inteligente mujer atenta a todo lo que él tenga para decirle.
Uno de los grandes aciertos de la puesta es romper con la comodidad estática del espectador sentado en su butaca. Caellas aprovechó distintos espacios de la fundación. Más que una obra de teatro nos sentimos en un museo. Allí se exhiben fragmentos de masculinidad que van cobrando su sentido último por acumulación. Podrían ser más, podrían ser menos. La muestra se entiende y se disfruta en tanto tal. El hall de entrada, la biblioteca, la terraza son parte del recorrido. Como público paseamos distendidos. Luego nos detenemos y escuchamos. Tal vez sonreímos o comentamos algo con nuestro acompañante. Contamos además con ella, la entrevistadora, la mujer que aunque no pronuncia ninguna palabra nos conduce, cual Virgilio a Dante por los recovecos de la Fundación TEM y es la destinataria privilegiada de los parlamentos de ellos. Y así, la obra funciona como una gran oportunidad para adentrarse en el universo poético de David Foster Wallace, un escritor que vale la pena conocer. Entrevistas breves con escritores repulsivos se puede ver hasta el 16 de diciembre en la Fundación TEM, los viernes a las 21 en Carlos Calvo 4319. <

Medio: Tiempo Argentino

Fecha: 04 de diciembre de 2011

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