MADRID.- Hace algunos años, Ezequiel escribió en una nota: «Hablaba lento». Su padre, que editaba el texto, lo corrigió: «Las palabras salen cansadas, como desperezándose de un largo silencio».

Era Tomas Eloy Martínez, una de las plumas más brillantes de la Argentina y eje, a casi dos años de su muerte, de las jornadas «La literatura en las cosas». Organizadas por la fundación que lleva su nombre, junto con la Fundación Carolina y Casa América, estas charlas multidisciplinarias convocaron en Madrid a una veintena de reconocidos escritores, periodistas y artistas que dialogaron durante dos días sobre las variadas influencias de la literatura en campos como la televisión, la música y el periodismo.

Participaron del encuentro el músico uruguayo Jorge Drexler, los argentinos Martín Caparrós -quien fue galardonado hace pocos días con el Premio Herralde de novela por Los Living- y Leila Guerriero, los españoles Guillermo Altares y Gumersindo Lafuente, ambos del diario El País, y Claudio López de Lamadrid (Random House Mondadori), entre muchos otros.

La mesa sobre la literatura en el periodismo fue protagonizada por Guerriero, el escritor de Cuando me muera quiero que me toquen cumbia, Cristian Alarcón, y la peruana Gabriela Wiener; con la participación de Guillermo Altares como moderador.

«El espacio para escribir es una diferencia fundamental entre Internet y la dictadura del blanco del papel», argumentó Wiener en el inicio de la charla.

OTRA FORMA

«El público del periodismo narrativo nunca fue masivo y cuando empecé no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, imitaba malamente las cosas que me gustaban. Fue en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), donde gente como Tomás Eloy Martínez y Caparrós nos mostró que había otra forma de hacer periodismo», evocó sus comienzos Guerriero.

«Era alucinante escuchar en los talleres a Tomás Eloy Martínez», recordó Alarcón. «El decía que la crónica es literatura porque tiene afán de trascendencia», añadió.

En una última charla, que tuvo la emoción que correspondía a tamaño homenaje, Caparrós, Ezequiel Martínez, Rodrigo Fresán y Carlos Franz dialogaron sobre Tomás Eloy Martínez y sus facetas como escritor y periodista. Sus amigos y colegas indagaron sobre su perfil familiar; su hijo intentó rescatar aquellas cosas que aún desconocía de su padre.

«Algo que no llegué a preguntarle nunca… me mandaba a investigar exhaustivamente algún dato para luego incluirlo, aunque hubiésemos confirmado su falsedad. Entonces, ¿por qué esa obsesión con saber si era verdad o mentira?», preguntó, pensativo, Ezequiel.

El recuerdo pertenece al fragmento de Santa Evita, en el que se cuenta que el cuerpo de la primera dama fue escondido durante un tiempo detrás de una pantalla de cine.

«El jugaba perversamente con su pasado periodístico», respondió Fresán. «Por el exquisito morbo de estar torciendo la realidad», arriesgó Franz, mientras que para Caparrós «simplemente disfrutaba de crear falsas verdades». La charla concluyó con risas y aplausos, destinados un poco para los oradores, quizá más para el homenajeado.

Satisfecho por la profundidad y la variedad de los temas analizados durante las jornadas madrileñas, Ezequiel Martínez, presidente de la Fundación TEM, confió a LA NACION la intención de reiterar estos encuentros en diferentes países de América latina.

«A mí, como hijo, me cuesta ver su lugar como periodista y escritor. Todo esto me alegra y emociona mucho. Lo siento reír en algún lado, feliz de que estas cosas ocurran», resumió Ezequiel con una sonrisa emocionada.

Por: Julieta Molina

Medio: La Nación

Fecha: 04 de diciembre de 2011

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