El fotógrafo y artista Pablo Añeli da cuenta de sus intereses a través de la muestra «Oficio de gallo», que se inaugura el 29 de julio en el Espacio TEM de Fundación Tomás Eloy Martínez. Además de fotografías, se exhiben pinturas y esculturas. 

Pablo Añeli comenzó a tomar fotos en Buenos Aires, donde se mudó a los 17 años. Su padre, Ramón, era fotógrafo social en Tandil y le había regalado una cámara que Añeli empezó a usar aquí. “Sacaba fotos en la calle, en Retiro, en Constitución y rápidamente empezó a ser una forma de expresión para mí”, cuenta ahora. Las geografías se fueron ampliando: Añeli se transformó en reportero gráfico y comenzó a viajar (y a vivir) en lugares tan disímiles como Bolivia, México, Haití y Panamá. Pero aclara que no es eso lo único que le interesa al momento de mostrar obra: “Para mí el ‘cómo’ está encima del ‘qué’”.

Y ésa es la idea central de “Oficio de gallo”, la muestra que se inaugura en el Espacio TEM de Fundación TEM el 29 de julio. “Ese título tiene que ver con el respeto por el oficio que implica cualquier tarea. El conocimiento y la búsqueda de caminos, materiales o formas, que llevan a algún lado”, dice. De hecho, además de fotografías, la muestra incluye pinturas y esculturas de madera y piedra.

De algún modo, a través de estas piezas es posible reconstruir el camino de este fotógrafo nacido en Tandil en 1970 que, tras dar vueltas por el mundo, volvió a su lugar natal, donde vive actualmente con su familia. “Yo no sabía que se podía ser reportero gráfico, simplemente sacaba fotos; en especial, en recitales. De manera paralela, armé un laboratorio. Y comparaba las fotos que se publicaban y las que sacaba yo y no me parecía que estuvieran tan mal así que empecé a buscar trabajo en revistas de rock”, cuenta. Empezó a colaborar en la revista Rock en blanco y negro. Y luego su talento se disparó: trabajó en revista Humor, para el diario Clarín entre 1996 y 1999 y a partir del 2000 para la agencia Associated Press y EFE en Bolivia, México, Haití y Panamá.

Las fotos incluidas en “Oficio de gallo” fueron tomadas esencialmente durante estas coberturas, en un arco que recorre diez años, entre 1997 y 2007.

“El trabajo en diarios es más colectivo y en agencias, más solitario. Pero ése no fue el problema para mí. Lo que me empezó a resultar complejo fue el advenimiento de la era digital en la fotografía, que produjo un quiebre. O sea, ciertas cosas se solucionaban más fácilmente pero a la vez, la producción se aceleraba y era posible sacar muchísimas fotos”, admite. Y agrega: “Esta velocidad se trasladó a la forma de producir. Los procesos analógicos llevaban un tiempo que te permitía pensar y desarrollar una idea. Con la velocidad digital, producís el material, lo envías a los editores y ya estás sacando fotos otra vez. No tenés tiempo de reflexionar en eso que mirás y que fotografías ni en los procesos necesarios para que eso suceda”.

Como resultado, Añeli comenzó a investigar de modo paralelo las posibilidades de la foto estenopeica y otras técnicas artesanales. Finalmente volvió a Tandil y se interesó por el trabajo que realiza el Taller de Picapedreros y Escultores de esa ciudad. Terminó creando sus propias pinturas y objetos de piedra y madera. Así fueron apareciendo cuencos, animales y cuchillos, muchos de los cuales se exhibirán en la muestra.

Actualmente coordina además talleres de fotografía para chicos en escuelas de la zona.

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