Roberto Herrscher cuenta que en los noventa se fascinó con Las cosas que llevaban los hombres que lucharon, del norteamericano Tim O’Brien. Se trata de una colección de relatos inspirados en la vivencia del escritor como ex veterano de Vietnam. De hecho, en alguna oportunidad dijo que la mejor manera de contar historias verdaderas es apelar a la ficción. Herrscher conoció al autor ya que Tomás Eloy Martínez -por entonces creador y director de Primer plano, el suplemento literario de Página 12- le encargó que lo entrevistara. “Ese libro es un intento de acercarse a la propia experiencia desde la verdad literaria. Allí se conjugan la memoria como trabajo consciente e inconsciente de los hechos y la literatura como forma de acercamiento a la vida”, dice Herrscher. Ahí, explica, hay una primera clave del seminario Contar la historia, que coordinó en la Fundación TEM el 30 de abril y el 7 de mayo.

“Así se trate de un master de un año o de un curso de dos días, siempre trabajo con tres elementos: textos clásicos, mi propia experiencia como cronista y como docente al momento de pensar el periodismo narrativo, y los textos de quienes participan del curso”, explicó el autor de un libro imprescindible llamado, justamente, Periodismo narrativo y autor del relato de no ficción Los viajes del Penélope. Herrscher es además director del máster en Periodismo BCN-NY de la Universidad de Barcelona y Maestro de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).

Durante el curso, los participantes leyeron –además del texto de O’Brien-, la crónica «Nuestro Vietnam», de Daniel Riera y Juan Ayala. Y también, algunos tramos de Los viajes del Penélope. “Creo que muchas veces el periodista aprende a conocer su propia vida y su propio pasado escuchando a los demás. Es decir, yo pude escribir sobre mi experiencia como ex combatiente luego de haber contado antes, la historia de los otros”, dijo Herrscher.

Acercarse a las historias de los otros (que a veces resultan espejos incómodos, que devuelven la propia vivencia) no siempre es sencillo. En especial cuando se trata de temas dolorosos y aún de traumas colectivos, como la última dictadura militar o Malvinas. “Cuando uno cuenta una y otra vez algún suceso del pasado, es como si el relato se fuera calcificando. Para el entrevistador, la tarea es ver hasta dónde es posible volver a recordar intentando quitar esas calcificaciones. Eso no significa que haya una ‘verdad’ a recuperar porque de lo que hablamos es de relatos, no de verdades únicas. Pero para conocer un pasado que nos duele es necesario no quedarse en fórmulas sino sumergirse en los relatos más allá de las fórmulas”, dice.

En el curso también se trabaja en relación con los documentos como material de la historia. “Los documentos hablan y en épocas como éstas, tenemos acceso a todo tipo de material escrito y fílmico. Además sucede algo interesante: muchas veces lo que recordamos no coincide con lo que ocurrió y los documentos dan cuenta de eso. Esa memoria ‘distorsionada’ no es un problema porque el periodismo narrativo, justamente, trabaja sobre la construcción de la memoria. Es decir, los documentos prueban que algo ocurrió pero a la vez prueban que no siempre recordamos las cosas como ocurrieron. Y aún así, tienen un estatuto de verdad para nosotros”, afirma. Y agrega: “Creo en la riqueza de la mirada sobre el recuerdo”.

Texto: Ivana Romero

Foto: Verónica Martínez / Archivo Fundación TEM

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