Con motivo de la publicación de Región. Antología de cuento político latinoamericano, entrevistamos a Enzo Maqueira, que junto a Juan Terranova compilaron 18 relatos que enmarcan el convulsionado mapa político que atraviesa la región. El libro se presenta hoy a las 19 horas en el Centro Cultura de España en Buenos Aires (CCEBA)

Enzo Maqueira / Foto: Archivo autor

1- ¿Cómo surge la lista de escritores que forman parte de la antología?

El primer paso fue comunicarnos con amigos de otros países de América latina que son referentes culturales de la región, como Diego Trelles Paz. Él nos recomendó a algunos autores a quienes les fuimos pidiendo los textos. Después nos contactamos con poetas y editores de El Salvador, gente también amiga que nos asesoró sobre los narradores de América central. A partir de estas primeras puntas, fueron apareciendo nuevos nombres y textos que leímos atentamente con Juan Terranova y que fue dando la lista definitiva de cuentos que integran la antología. Como siempre sucede, por una cuestión de espacio tuvimos que dejar afuera textos que nos hubiera gustado incluir, de modo que casi podríamos decir que hay una segunda antología esperando su oportunidad.

2- ¿Qué «requisitos» tenían que tener esos cuentos para formar parte del libro?

Ser un cuento político. No aclaramos a qué nos referíamos con «político», pero queríamos que la mirada del escritor fuera política y estuviera influenciada por la coyuntura de cada país, por la experiencia cotidiana en el marco de gobiernos que -en su gran mayoría- proponen formas alternativas de ejercer su rol. Aunque no lo especificamos, no buscábamos un panfleto, sino un relato en donde la vida de los ciudadanos se veía afectada directamente por las decisiones de la política.

3- ¿Por qué una antología de cuentos políticos hoy?

Porque la literatura latinoamericana tiene una larga tradición en esa área, pero no estaba tan claro cómo había asimilado los cambios que se están produciendo en el continente desde que el neoliberalismo más salvaje dejó de ser la única opción de gobierno. Tenemos una rica literatura política sobre dictadores, por ejemplo, pero desconocíamos qué estaba pasando en Venezuela con un presidente tan difícil de clasificar como Hugo Chávez, o que pasaba en Bolivia con Evo Morales, figuras que están lejos de ser Stroessner, Francia o Trujillo, pero cuya impronta personal es sin dudas muy fuerte. Hay nuevas formas de gobernar y, como consecuencia, nuevas formas de narrar esas experiencias. Al mismo tiempo, en los últimos años se recuperaron algunas palabras que parecían olvidadas, y otras experimentaron sutiles cambios con respecto a su significado. Hoy, «política» o «militante» no tienen la misma connotación que tenían en los noventa; «gorila» ya no define al antiperonismo en los términos en los cuales lo definía en los años cincuenta. Armar una antología de cuento político proponía esas dos variantes: crear el registro histórico-literario y hacer visible el modo en que algunas palabras ligadas a la política habían reaparecido o mutado.

4- Esta antología aparece en un momento donde la coyuntura política en la literatura de las nuevas generaciones está muy presente. ¿Región es un acontecimiento que aparece como consecuencia de esto?

Sin dudas. La política volvió a todos los aspectos de la vida. Hoy se discute sobre política en las escuelas, en las universidades, en la mesa y en el trabajo; algo impensado hace diez años, al mismo tiempo que era totalmente normal (y deseable) algunas décadas atrás. Las nuevas formas de gobernar generan divisiones muy fuertes en todos los ámbitos, incluso en las familias. Si bien esas divisiones no generan los niveles de violencia de otras épocas, vuelven a aparecer las enemistades por cuestiones políticas, los conflictos familiares, incluso las historias de amor atravesadas por estas diferencias. Ante el regreso de la política a la vida cotidiana, necesitamos a la literatura como medio para explicar la complejidad de este proceso. Es una tarea que el periodismo, con su inmediatez y sus intereses de por medio, no puede llevar a cabo.

5- Región puede ser visto como una respuesta crítica a una generación (la de los 80, pero principalmente a la de los 90) que no le prestó demasiada atención a «lo político» ¿Es uno de los vectores que atraviesa el libro?

De modo inconsciente, sí. En ningún momento nos planteamos la antología como un modo de criticar la apatía de los 90 (apatía que, en realidad, era también una postura muy política, porque era uno de los ejes sobre los cuales se sostenía el ideario neoliberal). Sin embargo, cualquier texto político escrito en nuestros tiempos o cualquier autor comprometido políticamente es, sin dudas, una voz que plantea diferencias con aquellos textos o voces que se mantuvieron en silencio en los 90. De cualquier manera, no hay que confundir a una generación con algunos representantes de esa generación. En los 90 eran pocos los que podían publicar; no existía esa cantidad tan democrática de editoriales independientes que existen hoy. Por lo tanto, se publicaba poco (a la poca oferta editorial, sumemos lo poco que se publicaba en el país y lo muchísimo que llegaba desde España) y a un grupo selecto de autores. Era bastante lógico que esas editoriales -que pertenecían al mercado y se regían por sus reglas- publicaran autores con una mirada propia de esos tiempos, es decir, desideologizada (aunque ya dijimos que detrás de la ausencia de ideología hay también una ideología). Esas editoriales necesitaban vender, y en esa época la política no vendía, estaba desprestigiada, no formaba parte explícitamente de la vida cotidiana. Esa era la literatura más visible, pero no la única. Había otra literatura que no era publicada o no circulaba en las librerías y en los grandes medios, pero que mantenía una visión comprometida.

6- ¿Qué diferencias nota entre esta generación y la del Boom latinoamericano?

Supongo que las diferencias son tantas que no valdría la pena embarcarse en una enumeración. Me parece mucho más importante -y también más fácil, claro- pensar en una de las similitudes más extrañas, que al mismo tiempo encierra una diferencia: hay un sentimiento de unión regional que estaba en las dos generaciones. Es raro, porque hoy esa unión es fácilmente dada por las redes sociales; cada autor, en su país o en otros, se comunica con los demás por Facebook o Twitter, al mismo tiempo que lo digital permite crear colecciones, antologías, etc. sin necesidad de viajar, de juntarse a cenar en la casa de alguno o de pasar una temporada en la residencia del embajador Octavio Paz. En el boom, esa misma camaradería literaria y social estaba vinculada con el exilio. Los autores, desde el exilio, se unían para pensar y escribir sobre Latinoamérica. Hoy, no nos une el espanto, sino el amor.

7- En décadas pasadas la literatura de la región se signaba a cinco o seis grandes nombres. Sin embargo, en este último tiempo, esta afirmación parece haber cambiado. ¿Por qué cree que sucedió?

En primer lugar, vivimos en sociedades donde son cada vez más quienes acceden a un grado de formación cultural necesario para escribir, para leer o para ocuparse en hacer arte. Aquellos escritores eran hijos de clases altas o representantes esporádicos de clases medias. Salvo excepciones, eran pocos los que accedían al mundo de la cultura, los que sabían o podían escribir, los que eran alentados desde sus familias para dedicarse a la literatura, etc. Argentina y América latina en general eran una región de inmigrantes trabajadores o de pobres sometidos por una elite dominante. No era fácil abrirse paso como escritor. La generación del boom contribuyó mucho para que la percepción que tenían nuestros pueblos sobre el rol del escritor fuera mutando hasta volverse más maleable y posible. ¿Cómo ser escritor cuando tu referente es Cervantes o Shakespeare? En cambio, resulta mucho más fácil pensar en ser la continuación de Arlt o de Cortázar.

En segundo lugar, la aparición de editoriales independientes y de soportes digitales posibilitan mayor visibilidad a una actividad cuyos frutos antes terminaban encerrados en un cajón. Hasta no hace mucho tiempo, conseguir una editorial o hacer visible un texto era la diferencia entre ser escritor o no serlo. Ahora, cualquiera puede publicar su texto en un blog y ser leído. Es decir, cualquiera puede existir como escritor siempre y cuando siga escribiendo.

En tercer lugar, los talleres literarios. Antes, un escritor salía de Puán o llegaba a la literatura después de trabajar en el medio editorial o tras una carrera universitaria más o menos afín. Hoy vivimos un auge de talleres literarios donde cualquier persona que quiera escribir puede encontrar claves con bastante rapidez y dar un salto de calidad en sus textos que antes sólo era posible con interminables horas de lectura. Los talleres no sólo forman mejores escritores, sino también personas más preparadas para entrar en el mundo literario.

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