Desde su blog América en el medio, la periodista Susana Reinoso recuerda cómo vivió la noticia de la muerte de Tomás Eloy Martínez. La columna se publicó en Abc.es el 31 de enero de 2011.

Tomás Eloy Martínez

Se lo recuerda hoy en toda América latina por sus dotes de escritor y la excelencia de sus crónicas, por su generosidad de maestro y su vocación para escuchar. Próximo, curioso, interesado siempre en responder las preguntas de quienes lo atosigábamos como un oráculo, cuando los hechos de la realidad latinoamericana exigían una reflexión juiciosa y medular. Tomás Eloy Martínez murió al anochecer del 31 de enero de 2010, hoy hace un año.

Lo recuerdo muy bien. En Barranquilla, Colombia,cerraba con éxito el IV Carnaval de las Artes, un festival literario musical que tiene como motor imprescindible a Heriberto Fiorillo. En el exterior del restaurante La Cueva, que toma el nombre de la Fundación organizadora de ese evento bullicioso, nos reuníamos los invitados para la despedida. Sonaba la música salsa. Fue en el instante en que nos disponíamos a entregarnos a la algarabía, cuando alguien recibió la noticia en su móvil: «Murió Tomás Eloy Martínez».

Fue palpable la tristeza que se instaló en el ambiente. Varios decidimos irnos. Aunque Tomás Eloy Martínez, asiduo visitante del Caribe colombiano dada su amistad con Gabriel García Márquez y su participación activa como maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), hubiera celebrado que nos quedáramos en la fiesta, bebiendo un mojito en su nombre.

Desde el fin de semana se suceden en estas latitudes, homenajes en su honor. Las ediciones digitales de la prensa de la región recogen los homenajes con respeto y nostalgia. Y los recoge la Fundación Tomás Eloy Martínez que se prepara para salir al ruedo en los próximos tres meses.

En la Biblioteca Miguel Cané, del porteño barrio de Boedo, donde Jorge Luis Borges trabajó sin honores y con distrato como empleado municipal, funcionará la sede que atesorará los archivos, documentos, objetos y ediciones en diversas lenguas del escritor argentino que escribió dos novelas ya clásicas en el canon literario de América latina: «La novela de Perón» y «Santa Evita».
Periodismo y literatura fueron para Tomás Eloy Martínez una forma de respirar. Y quizá fuera eso lo que convertía los encuentros en una experiencia renovada de lectura y de escritura. Él fue uno de los padres más notables del periodismo narrativo latinoamericano.

Hace algunos años, Tomás Eloy Martínez reflexionaba de este modo sobre la difusa frontera entre ficción y realidad: «Desde siempre me intrigaron los límites, la penumbra entre la realidad y la imaginación…Sólo me preocupa saber por qué ciertos hechos que parecen corresponder sólo al orden de la ficción, suceden en la realidad. O de qué manera la realidad impregna, aún involuntariamente, las ficciones». Hoy, a la luz de algunos acontecimientos que descuellan en las portadas de los medios (por caso, Wikileaks), resulta más actual que nunca.

Y de nuevo se instala la pregunta que, cuando era niño, Tomás Eloy Martínez le formulaba a su padre: «¿Somos nosotros quienes creamos las palabras que nombran las cosas de la realidad, o las cosas nacen de las palabras que las nombran?»

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