El miércoles 6 por la tarde comenzó la Clínica de crónica, a cargo de Federico Bianchini. A lo largo de dos horas, el periodista y editor compartió con un grupo de talleristas entusiastas, algunas nociones sobre textos de no ficción. A la vez, los participantes plantearon los proyectos que van a desplegar durante este mes.

Bianchini explicó que no es posible trabajar con fórmulas preestablecidas y que justamente por eso, la crónica se abre como espacio de indagación. “Quien dice que sabe qué es una crónica: miente. La crónica es una zona difusa. Sin embargo, lejos de ser un problema, esto puede transformarse en un desafío. De lo que se trata es de estar atentos a la historia que queremos contar y a partir de ahí, empezar a imaginar los mejores recursos para lograrlo”, dijo. En ese sentido, subrayó que no hay un modo de “escribir una crónica bien y otro, mal” sino que hay decisiones estratégicas que ayudarán a resolver mejor cada texto.

El cronista citó diversos autores, desde Juan José Millás a David Foster Wallace (y su mítico texto que desbarata cualquier imaginario idílico sobre los cruceros de lujo). Se trata de de escritores que combinaron originalidad en el enfoque de sus historias y mucha claridad al momento de saber qué querían contar. “Debemos pensar que no se trata de ‘rellenar’ una figura pre-existente sino de construirla”, afirmó Bianchini.»Intentar el armado de una forma narrativa e idílica a la que nunca llegaremos, a pesar de que no dejaremos de intentarlo».

Algunos momentos salientes del primer encuentro se encuentran en el time line del Twitter de Fundación TEM. Consultalos!

(Texto: Ivana Romero / Foto: Verónica Martínez-Archivo Fundación TEM)

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