Entrevistamos al periodista argentino Leonardo Faccio por su libro Messi. El chico que siempre llegaba tarde (y hoy es el primero).

LEONARDO FACCIO / Foto: Jimena Fernández

Leonardo Faccio (Buenos Aires, 1971) lleva casi diez años viviendo en Barcelona, donde colabora con medios de Europa y América latina, como El Periódico, La Vanguardia o Etiqueta Negra. Premiado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez, no era aficionado al fútbol hasta que comenzó a seguir al 10 del Barcelona.

Desde hace cuatro años, Lionel Messi ha alcanzado el pedestal de los grandes jugadores del fútbol. En la eterna discusión por el número uno de la pelota, el rosarino -con poco más de 24 años- ha logrado posicionarse entre los mejores, dejando atrás a figuras de la talla del holandés Johan Cruyff, el argentino Alfredo Di Stéfano y el alemán Franz Beckenbauer.

Con tan solo 15 minutos de entrevista con Messi, pero más de 100 entrevistas con el entorno del jugador (compañeros de selección, familiares, amigos y ¡hasta su doble!), Leonardo Faccio teje la fisonomía del texto sobre un esqueleto de historias, anécdotas y reflexiones acerca del máximo goleador del equipo catalán.

El libro, estructurado en tres partes, nos revela por momentos a un Messi abúlico y aburrido cuando está alejado del campo de juego. “Los momentos que elegí como ejes narrativos también tienen una explicación simple: por su carácter humilde y regularidad en la cancha, a veces Messi nos hace creer que ciertos momentos extraordinarios de su vida son parte de la normalidad, y yo me propuse darles, por contraste, un nuevo valor”, afirma Faccio.

Se lee en el libro a un Messi parco hasta la exasperación. Entonces, ¿cómo hacer un perfil del jugador de fútbol más importante de estos últimos años? Faccio habló con la Fundación TEM sobre su Messi. El chico que siempre llegaba tarde (y hoy es el primero). Parece haberlo logrado.

Martín Caparrós afirma que “La mayoría de los argentinos universales tuvieron que dejar de ser argentinos para serlo”. ¿Cómo funciona esa frase aplicada a Lionel Messi?

Messi, igual que Borges, Piazzolla, Gardel, Cortázar, Che Guevara o Di Stéfano, nos sorprendió con un talento enriquecido fuera de la Argentina. Conserva la picardía del potrero contenida por el rigor académico del Barça. Su destino lo forzó la mayor crisis económica que sufrió el país en su historia reciente. La obra social que financiaba el tratamiento que él necesitaba para crecer dejó de pagar la medicina, y su única salida fue el auto exilio. Messi sufrió esa violencia. Y su vida tuvo -me recuerda Juan José Sebreli- episodios comunes en las vidas de otros mitos argentinos: el abandono del hogar a temprana edad, el origen humilde, una enfermedad. Es la historia de Maradona y de Eva Perón. Ahora su identidad es la pieza de un puzzle. Un verdadero enigma -tal cual grafica Georges Perec en “La vida instrucciones de uso”- que no cobrará sentido hasta que no acabemos de encajar la figura del mito en nuestra historia. Rendirnos a la evidencia de su talento moldeado en el extranjero no es suficiente. A diferencia de otros argentinos universales, de Messi se espera que sustituya una ausencia en el territorio de las pasiones: la del líder que fue Maradona.

La construcción social que hay en la Argentina alrededor de la figura de Maradona no es la misma que tiene Messi. ¿Cuáles son las diferencias más notorias entre los dos?

Maradona fue un icono en la euforia de los 80’: surgió con la nueva democracia y protagonizó la revancha futbolera de la derrota en Malvinas. Messi era hasta hace muy poco un ilustre desconocido en Argentina. No tiene un pasado público en su país y su personalidad contradice el paradigma de héroe que conocemos. Nuestra historia esta hecha por líderes caudillos que sacan pecho –también en el fútbol- y Messi se formó en un club que además de pagar su tratamiento hormonal apostó por la democratización de la pelota. En un equipo como el del Barça, con delanteros que defienden y defensores que atacan, Messi ejerce de líder silencioso. Con la camiseta de argentina nos desafía a creer en otro tipo de liderazgo. Lo interesante es que el fútbol simpre trasciende al fútbol, y ahora presenciamos las aventuras de un genio ensimismado que es un mito en construcción.

Para construir el perfil de un personaje, habitualmente se necesita de expresiones, gestos y un sinfín de detalles. En el libro, Jorge Valdano asegura: “Messi solo produce titulares con los pies”. ¿Cómo lo logró con Messi, teniendo en cuenta que es muy parco con las palabras?

Cuando lo entrevisté, Messi recién llegaba de sus vacaciones e intenté seguir el sentido de su estado de ánimo. Digamos que apelé al sentido común. Messi había estado en Disneyworld y se mostró entusiasmado al recordar momentos divertidos. A mi me interesaba, justamente, su vida fuera del fútbol y como punto de partida hablamos de su novia, los amigos, Rosario, la familia. La prensa deportiva suele darnos una imagen más bien unidimensional de las estrellas y yo buscaba matices. No quería que las palabras lo limitasen y usé la descripción de sus gestos para cargar de sentido el diálogo. Pero ese trabajo no fue suficiente. Completé la historia con un relato coral: su hermana adolescente, la maestra, el carnicero, el doble, el hermano del medio, amigos, compañeros de habitación. En el libro abundan personajes que podemos definir como secundarios y que son vitales para la historia. A diferencia de otras personas más expuestas a los medios, como el papá a quien también entrevisté, ellos miran con perplejidad la intimidad de Messi y dan relieve a su personalidad. Son miradas reveladoras.

¿Cómo se gestó el libro?

Fue una aventura periodística. Comencé a seguir a Messi a fines de 2008. Mi editor, el director de la revista Etiqueta Negra, Julio Villanueva Chang, me dijo “de Messi se hablará mucho y sabemos muy poco”, y me propuso retarlo. Yo nunca fui aficionado al fútbol pero acepté el desafío porque veía muchas ilusiones depositadas en Messi. Su juego afecta el estado de ánimo de millones de personas, y ese poder inestable de los ídolos populares siempre me interesó. Luego se produjo una reacción en cadena. El perfil publicado en Etiqueta Negra llamó la atención del director de la editorial Debate, Miguel Aguilar. Yo seguía interesado en la historia y al poco tiempo estaba trabajando en el libro.

¿Cuándo llega a la conclusión de estructurar su libro en tres partes y tres momentos en particular? ¿Hay un hecho que lo confirma?

Sí, el vértigo de la actualidad. Trabajé durante tres años en el libro y en ese periodo Messi podía eclosionar o hundirse. El tiempo real tenía el dramatismo suficiente para mantener la tensión del relato y decidí respetarlo. Por eso las partes del libro evidencian desde sus títulos un orden cronológico: 2009, 2010 y 2011. Son los años en que seguí su vida y en los que Messi llegó a lo más alto, hasta ahora, de su carrera. Los momentos que elegí como ejes narrativos también tienen una explicación simple: por su carácter humilde y regularidad en la cancha, a veces Messi nos hace creer que ciertos momentos extraordinarios de su vida son parte de la normalidad, y yo me propuse darles, por contraste, un nuevo valor. En la entrevista que tuve con él cara a cara, por ejemplo, me introduzco en su lenta vida de rutinas que contrasta con el chico impredecible que todos vemos en el campo. En cada parte del libro me centro en episodios representativos de su vida pública para luego contrastarlos con escenas de su mundo privado. En la parte dos cuento los entretelones de la grabación de una publicidad de botines. Esa escena representa el actual éxito comercial de Messi, y está contrastada con la incertidumbre que vivió durante sus primeros años en La Masía del Barça. La entrega del Balón de Oro que lo consagra a nivel mundial, la narro -en la tercera parte- en secuencia paralela con sus días de infancia y preadolescencia en Rosario. Los tiempos contrapuestos creo que cargan de significado a los hechos. Otro motivo para mantener esta estructura está relacionado a la forma: el fútbol es el más popular de los deportes y el libro debía ser para un público muy amplio, de modo que elegí un género con origen popular como referencia: la opera. A cada parte-acto le corresponde un tempo diferente: allegro, adagio y presto. Me gusta pensar que puede leerse como una opera non fiction.

Trabajó tres años en el libro. ¿Sufrió alguna traba en el proceso de la investigación?

Messi demoró nueve meses en concederme una entrevista. De modo que tuve que cultivar mi paciencia. La reportía fue lenta. Pero no hubo trabas. Toda su familia se abrió al diálogo y el FC Barcelona nunca me restringió el acceso. La demora se debe a que el trabajo de producción exige crear vínculos de confianza y ese proceso lleva tiempo. Además de entrevistar a Messi hablé con más de cien personas de su entorno cercano en Barcelona y en Argentina. Luego llegaron esos días en los que uno se enfrenta al teclado y a sus propias limitaciones: el momento de la escritura. Yo siempre sufro cuando escribo. Por fortuna pude contar con un editor paciente y muchos escritores amigos que aceptaron leer mis borradores y aportaron consejos valiosos. Sin ellos el camino hubiese sido aún más duro.

¿Messi leyó el libro? ¿Alguien de su entorno le dio una devolución?

De parte de Messi aún no tuve una respuesta directa. Tampoco de su entorno. Pero Messi me dijo que no le gusta leer y supe que prefiere no verse a sí mismo. Esquiva los televisores cuando retransmiten sus partidos. Supongo que recibir un retrato suyo y por escrito podría resultarle una provocación doble y habitual. Messi vive expuesto a las cámaras desde que jugaba en las divisiones inferiores de Newell’s Old Boy. A los diez años hacia un promedio de cien goles cada treinta partidos. Un récord que ningún otro chico pudo igualar.

Ante la eliminación del Barcelona en la Champions League y la derrota con el Real Madrid, algunos medios pusieron por encima de Messi a Cristiano Ronaldo. ¿Quién cree que es el mejor?

Hay una gran diferencia entre la genialidad carismática para jugar fútbol y la musculosa efectividad de hacer goles. Tres veces consecutivas Messi ha sido elegido como el mejor futbolista del mundo. Ronaldo batió en 2011 el récord histórico de marcar tantos en el Real Madrid y en la Liga Española, y también ganó un Balón de Oro. Pero no figura en la lista de las cien personas más influyentes del mundo que publica la revista Time. Messi apareció en ella justo por debajo del presidente de Estados Unidos Barack Obama. La eficacia goleadora nos gusta. La genialidad con el balón nos hipnotiza. El caso es que las estadísticas alimentan la continuidad del show, y Messi, igual que Ronaldo, es el protagonista de un relato épico que cambia dos o tres veces por semana. Al final de sus historias supongo que habrá un par de sentencias. Ambas, por discutibles, ofrecerán un espectáculo imaginario como el que siguen protagonizando hoy Maradona y Pelé. Un partido interminable y hasta inverosímil. Un juego sin fin. Lo que más ama la tribuna.

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