Desde el año pasado, se realiza en Fundación TEM el ciclo «Voces de una generación», coordinado por el poeta Miguel Gaya. El martes 12 de mayo se inaugura un nuevo ciclo, nada más y nada menos que con Daniel Freidemberg como invitado. En esta mini entrevista Miguel nos cuenta por qué le interesa pensar la poesía, aparte de leerla. 

¿Por qué ves la necesidad de hacer un ciclo de poesía?
Digamos de antemano que la poesía es necesaria, los ciclos de poesía no son necesarios. Además, hay muchos. No demasiados, sino muchos. Y eso está bien. Las lecturas públicas de poesía se han transformado en un modo particular de la circulación de la poesía, así que bienvenida su proliferación.
¿Por qué hacer este? 
En parte, con el propósito avieso de «cooptar» la Fundación TEM para la poesía, ya que hasta ahora venía desarrollando actividades relacionadas con el periodismo y la narrativa, algo que está bien, pero si se le agrega la poesía está mejor.
Pensé el ciclo como un gusto personal, en el sentido de convocar a quienes como poetas tienen una obra y una voz propias, y además le agregué el plus de las conversaciones sobre algún aspecto destacable de la actividad de cada uno como poetas o críticos.
Una de las  partes más sustanciosas de los ciclos de poesía ocurre fuera de la vista del público, o cuando ha dejado de funcionar como tal, y es cuando los poetas se sientan a comer y beber y conversar de sus temas, incluso con quienes hasta ese momento hicieron de público. Con estas conversaciones sobre temas determinados quise traer al acto del ciclo esas cuestiones que se tratan entre copas.
Cuando hablás de «voces de una generación», en qué generación específicamente estás pensando? ¿Cómo pensás vos a esta generación? 
Uno de los tantos conceptos que están en crisis en la crítica literaria es el de generación. Y otra de las cuestiones que ha aparecido en el proceloso mar de la poesía que se escribe ahora es cierta idea de «ahistoricidad». Muchos de los que hoy escriben ni reivindican una tradición ni les preocupa una trascendencia de la obra. Esto es algo bastante particular y, claro, no es privativo de la poesía sino de cierto espíritu de época. Sin embargo, a mí me sigue pareciendo interesante no solo explorar las tradiciones literarias, cómo se ha escrito antes, sino también el modo como los poetas son leídos pasada su propia contemporaneidad.
De todos modos, hablar de generación en este ciclo es apenas una manera cómoda de nombrar un conjunto, que a veces, como este caso, solo comparten una franja etaria y ciertas experiencias comunes, aunque más no sea habitar el mismo país en forma simultánea.
Cuando decidí nombrar de este modo el ciclo fue, entonces, casi un reflejo etario. Estoy convocando a los poetas que conozco y trato, de los que soy amigo, con los que comparto edad y experiencias.
Lo que trato en cada caso es determinar cuál es su peculiaridad para conversar. Puede ser su actividad como traductor, o difusor de poesía extranjera, o su reflexión sobre el género.
¿Te parece que la generación de Freidemberg, por ejemplo, se debe una discusión sobre el estado de la poesía?
Todas las generaciones, todos los poetas se deben una discusión sobre la poesía, es casi propio de la misma actividad creativa. La generación que compartimos con Daniel ha discutido mucho, mucho tiempo, y muchos temas. En su caso, su presencia en el ciclo es un lujo. Pocos de nosotros ha reflexionado y escrito tanto sobre la poesía producida desde la dictadura hasta ahora, y con un criterio tan abarcador. Muchas veces la producción crítica se hace con perspectivas muy estrechas, y un marcado provincianismo conceptual. Les resulta muy difícil vincular nuestra producción poética con la de otros países, e incluso registrar la del interior o la de otras variantes que no sean la que reivindica el que escribe. En ese sentido, hay mucha producción crítica muy fechada, cuyos postulados duran un suspiro y están destinadas casi en exclusividad a sostener ciertos criterios de «capilla». Pasa algo parecido con las antologías, que la mayoría de las veces no solo son parciales, sino también tendenciosas.
No es el caso del trabajo de Daniel. Tiene una excelente capacidad de análisis, una buena visión de conjunto, y puede establecer vínculos con las tradiciones nacionales y extranjeras.
En ese sentido, la conversación pactada para este encuentro creo que será un paseo, rápido pero enriquecedor, por lo más significativo de la producción poética de los últimos 40 años.
 ¿Quiénes van a ser los participantes del ciclo este año? ¿Por qué los elegiste?
Los nombres se van armando un poco sobre la marcha, porque plantear agenda para varios meses por delante no es un hábito muy común en estos ciclos. Sí puedo adelantar que para el próximo encuentro, el 9 de junio, está confirmado Jonio González. Es un poeta que reside en Barcelona desde el año 82, se sigue reivindicando como  poeta argentino y  tiene la peculiaridad de ser un buscador exquisito de poetas y poesía extranjera, poco difundida entre nosotros. Lo que me interesa en este caso es cierta visión de expatriado, y ese raro diálogo con un lector no cotidiano, por un lado; y por el otro, su interés en las voces diversas de tradiciones literarias ajenas a nuestro canon, principalmente de países del centro y este europeos.
Tengo agendadas conversaciones para próximos encuentros sobre diálogos poéticos entre distintas generaciones; cuestiones de género en la producción poética, y cómo fueron apareciendo en estos años; y qué canales de comunicación hemos construido con la poesía latinoamericana no canónica, o que se está escribiendo en estos momentos. Entre los poetas convocados están Gabriela Franco, Mónica Sifrim, Eduardo Mileo, Vicente Muleiro y Jorge Bocanera.
¡Para enterarte quiénes son los invitados de las próximos encuentros, no dejes de visitar nuestras redes!

 

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