El escritor tucumano hubiese cumplido hoy 80 años; la influencia en las letras y el periodismo de un hombre con gran pluma que sabía observar y escuchar, según el testimonio de cinco intelectuales que palpan su legado de cerca.

«Soy como escribo, soy lo que escribo», cuela Tomás Eloy Martínez entre los párrafos de El vuelo de la reina, una novela que puede leerse como un manual de periodismo. Cada uno de los textos de este escritor y periodista tucumano es una reflexión sobre los límites de la ficción y de la realidad.

Hoy Martínez hubiese cumplido 80 años, y sus siete hijos -Tomás, Gonzalo, Ezequiel, Paula, Blas Eloy, Javier y Sol-Ana-, al frente de la activa Fundación que lleva su nombre, lo recordarán con una muestra que recorre su obra. Además, gracias a la minuciosa tarea de Ezequiel, se celebra este aniversario con la publicación de Tinieblas para mirar (Alfaguara), que reúne cuentos inéditos de TEM.

Su presencia se palpa en el ámbito académico, en las escuelas de periodismo de América latina, así como también en las facultades de Letras, que analizan su obra. Incluso, y como broma del destino, Martínez, quien convirtió en personajes a personas de carne y hueso, se ha transformado en una criatura de ficción en la obra de teatro Café irlandés, de Eva Halac (actualmente en cartel en el teatro La Comedia).

Buscó comprender fenómenos clave del poder y de la política argentina, desmenuzando los mitos de nuestra identidad. Enemigo de la pirámide invertida y eterno insatisfecho de los resultados del periodismo objetivo, fue un exponente y una voz nítida del nuevo periodismo, e incluso fue más allá de estos postulados. Martínez utilizó las técnicas del periodismo para concebir algunas de las ficciones más preciosas de la literatura contemporánea nacional. Los hilos de las ficciones La novela de Perón (a quien entrevistó durante su exilio en Madrid) y de Santa Evita constituyen un ejemplo acabado de lo que llamó, en una famosa entrevista con Juan Pablo Neyret, «licencia para mentir». Para él, porque no hay universo más fértil y maravilloso que la realidad.

Testigo privilegiado de su tiempo, por los poros de sus textos respiran y claman almas tan inquietas como la suya, sentencia en el prólogo de Lugar común la muerte la esencia de la raza humana: «Somos de las pasiones, no ellas de nosotros».

En un día que se constituye como un homenaje, y a cuatro años de su muerte, cinco intelectuales -amigos, profesores, discípulos, periodistas y escritores- dan testimonio y reflexionan sobre la influencia de Tomás Eloy Martínez. ¿Cuál fue el legado de TEM en la literatura y el periodismo? ¿Y qué marca -además-dejó grabada en cada uno de ellos?

JUAN CRUZ RUIZ

Profesión: periodista y escritor Origen: español. ß Cofundador del diario El País. Miembro del Comité de Honor de la Fundación TEM

Su legado en la literatura fue el ritmo con el que fabula;la precisión de sus ficciones; la capacidad para crear personajes creíbles que trascienden lo narrativo para convertirse en seres reales cuyas conversaciones y hechos parecen reales también. Es un narrador milagroso. En el periodismo, su legado está en la precisión y el ritmo; la capacidad para articular sus narraciones estrictamente periodísticas como si fueran cuentos de Borges o de García Márquez; la capacidad simbólica de la que se dota para trascender lo meramente real y darle significado metafórico. Es un retratista excepcional. Sin Lugar común la muerte el periodismo en español del siglo XX estaría cojo o impreciso.

¿Qué influencia ejerció en mí? La búsqueda de la nobleza aun en los peores momentos; su risa mesurada; su amabilidad sin afectaciones; su respeto por lo que decía el otro, su respeto por los oficios que ejerció; sin él yo respetaría menos el periodismo y me sería más ajena la literatura.

JORGE CARRIÓN

Profesión: periodista y escritor. Origen: español.

Codirector del Máster en Creación Literaria de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Dictó un curso en la Argentina con el respaldo de la Fundación TEM

El legado de Tomás Eloy Martínez es único, no se puede dividir entre el periodismo y la novela: la literatura de no ficción, el periodismo literario, el contagio fértil y mutuo. Además es un legado no sólo inmaterial, simbólico o textual, sino que también tiene materia, es físico, gracias a la Fundación TEM, que precisamente ha creado con sus actividades puentes entre la ficción y la no ficción.

Sus dos novelas más importantes, Santa Evita y La novela de Perón, me permitieron entender un poco mejor la Argentina. Las leí cuando vivía en La Boca y en Rosario. Es curioso: en España es mucho menor su presencia que en América latina. Me he sentido cerca de él tanto en la Argentina como en Venezuela.

WASHINGTON CUCURTO

Profesión: novelista y poeta Origen: argentinaß Amigo de Martínez

Dejó una de las de las obras más interesantes de la literatura nacional y del periodismo latinoamericano y mundial. Santa Evita quizá sea el libro más importante de la lengua castellana, y lo digo sin exagerar. Su legado en el periodismo todavía no se puede apreciar en toda su magnitud. Pero es el mismo que dejó Roberto Arlt en su época. Junto a Rodolfo Walsh, es el gran inaugurador del periodismo comprometido de la segunda mitad del siglo XX, con una prosa como ya no queda, con un talento avasallador. Inauguró un periodismo moderno, ultraculto, con una rica tendencia democrática, muy respetuoso del lector.

Era un tipo fuera de serie, muy afectuoso y atento. Estoy orgulloso de haberlo conocido, fue una de las mejores cosas que me sucedieron en la vida. Estoy feliz de que Tomás sea argentino, porque con su vida nos dio una lección de humanidad a todos. Su influencia más grande fue todo el amor que recibí. Era un tipo inteligente, tenía la sabiduría y la tranquilidad de los que han dejado todo dentro de la cancha y que pelearon mil batallas. Me hubiese encantado conocerlo a los 10 años y no a los 35. Así lo disfrutaba más. Pienso mucho en él y eso me da mucha fuerza.

SANTIAGO GAMBOA

Profesión: escritor y periodista Origen: colombiano. Presentó su novela Plegarias nocturnas en la Fundación TEM.

Su obra se sitúa en ese espacio o territorio común que comparten la literatura y el periodismo, en donde cada una de ellas le aporta lo mejor a la otra: la veracidad, el principio de realidad del periodismo, con la mejor prosa y el sentido dramático de la literatura. En sus novelas y en sus crónicas las historias se narran con las armas de la novela, es decir, el sentido de la temporalidad, el punto de vista, la velocidad de la acción, lo cual se nutre con una extraordinaria investigación previa y un trabajo de campo notable, en la mejor tradición de, por ejemplo, un Rodolfo Walsh. Cuando García Márquez dijo que la crónica era un género literario, pensaba en autores como Tomás Eloy. Su legado es enorme. Está detrás de autores como Martín Caparrós o Juan Villoro, que conjugan la crónica con la literatura y continúan estableciendo puentes entre la literatura y el periodismo escrito de la crónica. Todos los novelistas que escribimos crónica, en América latina y España, debemos pasar obligatoriamente por las obras de Tomás Eloy, del mismo modo en que los anglosajones pasan por las obras de Capote o de Tom Wolfe. Es nuestro clásico en ese mundo, uno de los que mejor describen la relación entre la escritura y la realidad.

KARINA GALPERÍN

Profesión: doctora en Letras y profesora de literatura de la Universidad Di Tella. Origen:argentina. Enseña la obra de TEM, con quien trabajó.

Su legado fue haber contribuido a abolir, con su propia pluma, la distinción entre literatura y periodismo, donde a la literatura se la consideraba del lado del arte y al periodismo, de la escritura efímera y coyuntural. Sus mejores textos dejaron en claro que la escritura sobre hechos y personas reales, producida con los tiempos del periodismo y publicada originariamente fuera del formato libro, tiene el mismo potencial artístico que la ficción y su misma capacidad de revelarle al lector aspectos insospechados de la experiencia. Sabía escribir muy bien, pero sobre todo sabía observar y escuchar, y tenía un don particular para la entrevista.

En lo personal, guardo un lindísimo recuerdo de él. En 1991 me invitó, junto con otros entonces jóvenes estudiantes de Filosofía y Letras, como Sergio Olguín y Pedro B. Rey, a escribir reseñas bibliográficas en el suplemento cultural de Página 12, que él dirigía. Era un lugar de prestigio, él ya era muy reconocido y, sin embargo, fue enormemente generoso con nosotros. Nos dio una gran libertad para elegir libros y para expresar nuestros juicios, que no siempre coincidían con el suyo.

EL RECUERDO EN LUGAR COMÚN, LA PALABRA

  • Hoy, con motivo del 80° aniversario de Tomas Eloy Martínez, la Fundación TEM, que dirigen sus hijos, inaugura una muestra con destino itinerante, realizada gracias a un subsidio del Fondo Metropolitano del Ministerio de Cultura de la ciudad de Buenos Aires, en la sede de esa institución en Boedo (Carlos Calvo 4319), donde Jorge Luis Borges trabajó durante muchos años como bibliotecario.
  • La exposición Lugar común, la palabra, recorre la vida y la obra del autor a través de diez ejes temáticos: Sus primeros años en Tucumán; La vocación por el periodismo; La crónica y la invención de la realidad; Cartografías del exilio; Sus novelas, de lo sagrado a lo profano; Ficciones peronistas: La novela de Perón; Ficciones peronistas: Santa Evita; Entre la academia y las redacciones; Los otros, los nuestros, y El legado imborrable.
  • Acompañan la exhibición gráfica una instalación sobre su vieja máquina Remington (la última que tuvo antes del exilio y donde escribió Sagrado y La pasión según Trelew). También se exhiben primeras ediciones de todas sus obras, documentos y libretas de apuntes, entre otros objetos.
  • A partir de la semana próxima, la muestra estará abierta de lunes a viernes, de 15 a 20. www.fundaciontem.org

Por: Laura Ventura

Medio: La Nación

Fecha: 18 de julio de 2014

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