Entrevista con María Silvina Prieto, galardonada con el premio La Voluntad. Condenada a prisión perpetua, ganó el concurso de crónica por un texto sobre los días que compartió con Giselle Rímolo.

 

«No sabía si presentarme en el concurso, porque nunca había escrito crónicas. Mi especialidad son los cuentos de terror», le dice a Clarín María Silvina Prieto. Condenada a prisión perpetua, lleva 13 años presa y ahora, con una historia en clave humorística sobre los días que compartió en la Unidad 31 de la cárcel de Ezeiza con la falsa médica –y ex de Silvio Soldán– Giselle Rímolo, se conviritió en la primera ganadora del premio La Voluntad de crónicas, que entregaron la Fundación Tomás Eloy Martínez (TEM), la Revista Anfibia, Editorial Planeta, Eduardo Anguita y Martín Caparrós.

Prieto tiene 46 años, y aunque desde los 33 está presa por homicidio, se dice vecina de Villa Urquiza. Sueña con su libertad condicional, que le llegaría en dos años, y ya busca trabajo. Asediada por los periodistas, cuenta que escribe con computadora pero que no tiene Internet en el penal. «No es una fatalidad estar presa, es un aprendizaje», dice. Estudia literatura, programación y diseño gráfico. Hace seis años que Luis Sanjurjo es su profesor en el taller literario de la cárcel de Ezeiza. «A través de él, conseguí salidas transitorias para ir al Centro Cultural de la Cooperación a tomar clases de periodismo», revela. Allí mismo se enteró de este premio, que lleva el nombre de la trilogía escrita por Anguita y Caparrós, que a Prieto ya le cambió la vida.

En la ceremonia del lunes, Martínez fue el encargado de revelar el nombre de la ganadora. Prieto, secándose las lágrimas, escuchó firme lo que tenían para decirle. Caparrós contó primero la trastienda de la decisión. «Cuando decidimos que tu crónica era la ganadora, te buscamos a ver quién eras y nos enteramos que estabas presa. No era razón para cambiar la decisión», concluyó. Siguió Anguita. «Como yo también se lo que estar en la cárcel, imaginé lo que hubiera significado para mí una decisión de este tipo. Me alegré. Pensé que el lenguaje de la palabra narrada iguala, nos hace muy parecidos», dijo. Y luego Alarcón se encargó de valorar la obra. «Tiene un ritmo fresco y para nada pretencioso. En el fondo tiene una ironía que escapa al cinismo, Silvina se ríe de Giselle, de sus compañeras, de la cárcel, del sistema penitenciario, lo hace con elegancia. Le escapa a todos los clichés de la narración de la cultura tumbera y la mirada progre sobre la cárcel».

Entonces habló Prieto. «Si bien a cualquiera le puede pasar lo que me pasó a mí, que caí en cana a los 33, yo venía con una cultura. Hice la primaria, la secundaria y la universidad. Mucha de la gente que está allí dentro no tiene esas posibilidades, su vida delictiva viene de muy joven. Mi vida no es delictiva, mi vida es haberme mandado una cagada y la tengo que superar. Gracias a Dios la vida me dio mucho humor, y por eso la puedo volcar en la crónica». Así se presentó. Supimos luego que su caso era un ejemplo de lucha por la reinserción social. Peleó siempre por poder estudiar, y luego por lograr salidas transitorias.
Es difícil imaginar el pasado de esta mujer viéndola ahora. No para de sacarse fotos, de dar entrevistas. Mientras Ezequiel Martínez le firma un cheque por los 15 mil pesos que ha ganado y le regala un ejemplar de La novela de Perón, de Tomás Eloy Martinez, la abordamos en una fugaz entrevista. Es la figura de la noche, y responde feliz.
¿Por qué Giselle Rímolo? ¿Tuviste alguna otra historia en mente?
Pensaba en escribir la vida de Camilo Cienfuegos, desembocar en la Revolución Cubana, pero cuando empecé con la historia de Rímolo, Daniela, mi profesora de peridismo, me dijo que nos enfocáramos en eso, que iba a ser más interesante.
Y estuviste de acuerdo
Sí, porque lo que se ven en los medios es puro cholulismo. A quién le va a importar la vida de Camilo Cienfuegos.
¿Qué tan excepcional es tu caso en la cárcel?
El mío no es un caso excepcional, pero hay diferencias. Vengo de una familia que no me hizo faltar nada. Ni cultural ni materialmente. Yo me paro en un pasillo y digo Ay, estoy rodeada de delincuentes. Lo digo en chiste, y nadie se tiene que ofender, porque es verdad.
¿Qué valoración hacen de los talleres?
A las chicas les gusta, porque es una forma de expresar todo lo que tienen guardado.
¿Te costó escribirla?
Sí, porque no quería inventar nada, quería contar la realidad y me faltaban palabras.
¿Fue tan divertida la convivencia con Rímolo?
Fue graciosa. Nunca la tomé como alguien especial, y dentro del pabellón era una más. Hacía fajina, lavaba su ropa, con el condimento de que ella era famosa por haber salido en la tele, nosotros en cambio sólo salimos en los diarios.

¿De allí salió el tono?
Yo lo cuento con humor pero es parte de la dignidad, de sentirme muy vulnerable ahí adentro.
¿Qué lees?
Lo que se me presenta. Ultimamente crónicas, y mucho Foucault.
Contame alguno de tus cuentos breves de terror…
En este momento tengo tres. El primero se llama Para cuando alguien lea este cuento yo ya estaré muerto, y es la historia de un ladrón de tumbas.
¿Usás información de la cárcel?
Casi nunca, pero sí en el último cuento. Es la vida de un señor que estuvo preso y salió, y trabaja encubiertamente para la policía.
¿Cómo es la situación en el penal hoy?
La población penal cambió mucho. Un rumbo feo. Cada vez hay chicas más jovencitas, drogadas. La droga, dentro de un penal, lo pudre todo.
¿Y vos, cuando mirás atrás, qué pensás de lo que hiciste?
Me puedo catalogar de tonta, quizá por haber sido hija única, consentida. Pasan cosas en el camino, se te cruza gente que no es buena y una por ser así no se da cuenta. Ya pasó, tengo que seguir remando.
¿Me querés contar lo que pasó?
No, buscalo en Google.

Por: Horacio Bilbao

Medio: Revista Ñ

Fecha: 03 de diciembre de 2013

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