Sobre un libro del escritor David Foster Wallace, el catalán Marc Caellas dirige una pieza que reflexiona acerca del hombre blanco heterosexual.

A veces hay que callarse para entender. Callarse y escuchar, clausura difícil para estos tiempos que hacen del narcisismo un arma de autogestión. Pero, atención, que permanecer en silencio tiene algunas ventajas: las conclusiones nos pertenecen mientras el charlatán se atraganta con su propio vómito. Algo así pensaba David Foster Wallace cuando escribió Entrevistas breves a hombres repulsivos. Este libro de relatos que el autor de La broma infinita publicó en 1999, tuvo una versión cinematográfica en 2009, de John Krasinski, y tiene ahora su versión teatral de la mano del catalán nómade Marc Caellas que se presenta todos los viernes a las 21 en la Fundación Tomás Eloy Martínez.

Pero Caellas, el agitador (y no “gestor”) cultural y director mudado este año a Buenos Aires, cambió algunas cosas. Por empezar, retocó el título cambiando a “hombres” por “escritores”. Y eligió a seis por referencias, conocimiento y gusto personal: Roni Bandini, Lucas “Funes” Oliveira, Martín Seijo, Esteban Feune de Colombi y Guillermo Piro, más una, ella, la periodista Ivana Romero, la entrevistadora presente pero elidida, la mujer que, en el libro y en la obra, pregunta en el modo silenciado dejando en altavoz a estos señores que, sin necesidad de ser empujados, quedan tan mal parados.

“Bueno, claro, ya desde el titulo, ‘repulsivos’: la obra es una reflexión sobre el hombre blanco heterosexual que creo hay poco escrito en profundidad; porque hay sobre la mujer, el negro, el homosexual, pero no sobre estos hombres. ‘Hombres hablando de mujeres’ es un tópico, pero acá Wallace lo lleva a un nivel de honestidad que saca lo más patético de cada uno, los muestra al desnudo y eso no es habitual”, dice Caellas para quien estas  entrevistas funcionan como “una forma de terapia en tanto son el reflejo de esta época de transición con tanta dificultad para comunicarse con el otro, por miedos, inseguridades y todo lo que alimenta estas neurosis”.

Al autor del blog –y del flamante libro– Carcelona, le aburren por artificiosos y casi obsoletos los textos dramatúrgicos y las salas teatrales. Prefiere resignificar a los literarios e intervenir los espacios no convencionales: “En mi anterior proyecto, Los críticos también lloran (homenaje a Bolaños) parodiaba la mesa redonda de escritores en los festivales literarios; aquí quise jugar con el género de la entrevista en vivo, hacer una ficción de algo que teóricamente es documental porque parte de que en toda entrevista lo que dirás es verdad; aquí partimos de una ficción que es real porque los escritores se identifican quizá con lo que están diciendo. Pero como los espectadores no saben si lo que dicen es verdad o no, si es ficción o no, si cuentan o no sus intimidades, entonces, estamos en el límite, es como si fuera una entrevista preparada”.

Por los distintos salones de la Fundación –incluida la terraza–, unos treinta espectadores testigos siguen estos falsos monólogos: “Al público lo metemos en una ficción, pero a la vez queremos que sea consciente de eso. Como hace Wallace que aplica el concepto de cuarta pared a la literatura, diciéndole al lector que lo quiere sacar y meter todo el tiempo en esa ficción; en ese sentido, es muy posmoderno”. A partir de la traducción del libro del estadounidense –que se ahorcó en su casa en 2008, a los 46 años–, realizada por el español Javier Calvo, editada por Random House Mondadori e inconseguible en Buenos Aires, Caellas seleccionó algunas entrevistas y las repartió, según su criterio, entre los escritores que, a su vez, las adaptaron al porteño para hacerlas suyas.

Todo escritor actúa

“El texto se modifica todo el tiempo. Dejando de lado la traducción lamentable del español Javier Calvo, nuestra adaptación, en los ensayos, se fue volviendo más natural y rioplatense: lo que la vuelve tan lamentable como la de Calvo, pero al menos no aparecerá en forma de libro”, dice el traductor y periodista Piro, otro de los preferidos por Caellas en lugar de actores comunes y corrientes: “Los escritores aportan algo de su vida y de su manera de ser que a mí me fascina, son seres muy particulares que me interesan, son mis amigos. Quise que fueran ellos mismos, no les di muchas indicaciones. No estamos representando una historia sino presentando. Hay algo metateatral: contar la historia que nos gusta, pero también a nuestra manera y porque nos gusta”.

Atraídos todos por lo performático, atípico y endogámico de la propuesta, el más conocedor del paño es Seijo, integrante del colectivo Escena y Espacios Escénicos Autónomos y creador de la Compañía de Funciones Patrióticas. Hoy poeta y ayer estudiante con Agustín Alezzo, el también fotógrafo y periodista Feune de Colombi resume: “Al fin y al cabo, todo escritor actúa pero no todo actor escribe”.

Y las periodistas escriben y actúan, como Romero en la sección Cultura del diario Tiempo Argentino, entrenada en el acting de la entrevista y en el cotidiano de un trabajo regido por lógicas masculinas: “Una de las cosas que me atrajeron de esta propuesta era la posibilidad de investigar desde un lugar nuevo, ligado al teatro y la literatura, todo eso que una aprendió y lleva a la práctica día a día. ¿Qué sucede si allí donde usualmente hay palabra, ahora hay silencio? ¿Qué sucede con la ilusión que tienen dos personas de comunicarse? ¿Somos capaces de escuchar y de darle lugar al otro en nuestra palabra y en nuestro silencio? El objetivo es dar cuenta de cuán repulsivos y complejos pueden ser los hombres en sus relaciones con las mujeres. Cuando termina la obra, algunas chicas me dicen que les da ganas de responderles unas cuantas cosas a los tipos. Es que todas, alguna vez, estuvimos frente a varones que mientras nos decían una cosa, expresaban otra, pero que lo negaban si se lo planteábamos. Esto no es nuevo pero Wallace lo explora de una manera tan empática como incómoda al meter el dedo en la llaga en unos cuantos lugares complejos de la masculinidad. Los Escritores Repulsivos de esta obra necesitan mucho una mujer que los escuche aunque su propia incapacidad intente borrar a la que está frente a ellos. A estos Escritores, el mundo se les vino abajo.”

“‘Hombres hablando de mujeres’ es un tópico”, dijo Caellas, queloparió. Si lo sabrán Fontanarrosa y Dolina y todos los que hacen todo por levantarse minas, según acotó un señor a la salida de la obra, momento de maldad infinita. Otro, que nunca había oído el nombre de Foster Wallace, tuvo un mal recuerdo, el de “monólogos de la vagina pero al revés”; y hasta un bromista puso este moño: “Matrimonios y algo Marx” parodiando aquella comedia televisiva de Hugo Moser pero para un público, llamemoslé, intelectual.Claro, el riesgo está. Que toda esta complejidad se resuelva y pueda ser entendida como un cínico hoy se quejan ellos. Pero vale la pena correr ese riesgo. Aunque no sea más que para acercarse al autor y al director, a la Fundación y a los escritores repulsivos. Y para comprobar que, muy probablemente, a esos quejosos de la salida les cayó un poco mal lo que habían escuchado. Si la tarea de la buena ficción es, como dice Caellas, “perturbar a los que están calmos”, el objetivo está cumplido.

FICHA
«Entrevistas breves con escritores repulsivos», por Marc Caellas

Lugar: Fundación Tomás Eloy Martínez (Carlos Calvo 4319).
Día y horario: viernes a als 21.
Localidades: $30.

Por Leni González

Medio: Revista Ñ

Fecha: 11 de noviembre de 2011

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