En este artículo, Javier Sinay comenta en qué consiste el ciclo «Esto no es ficción», que se realiza cada mes en Fundación TEM.

Fecha de publicación: 5 de septiembre de 2016.

Medio: Infobae

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Uno de los mejores consejos que se da en los talleres de escritura a quienes están moldeando su pluma es: «Lean sus textos en voz alta; comprueben qué tan bien escritos están». Cuando uno puso el punto final y cree que ya está todo hecho, resta ese último ejercicio, que es decisivo porque puede echar hacia atrás una o varias líneas: leer en voz alta. En el ciclo Esto No Es Ficción, que hacemos una vez por mes en la Fundación Tomás Eloy Martínez, lo sabemos.

El nombre del ciclo tiene una bajada, «Los textos periodísticos que están por venir», que describe del modo más amplio posible el espíritu de estos encuentros a los que vienen algunos de nuestros periodistas favoritos para abrir su maletín de inéditos. Son tres periodistas por encuentro, y traen hojas sueltas, recién impresas, dobladas, a veces anotadas en los márgenes o con alguna tachadura de último momento (aunque dos o tres también han leído de sus tablets).

Nos muestran en qué están trabajando, y qué es lo que leeremos en el futuro todos nosotros, cuando esas mismas líneas que imprimieron en una hoja A4 lleguen a las rotativas de la gran industria de la información. Dicho de otro modo, vienen a leer en voz alta. Vienen a tomar la palabra –y a entregarla. Y a veces hasta encuentran errores porque, evidentemente, leen piezas que todavía están en proceso.

Lo que ocurre cuando un escritor lee en voz alta es fascinante: el público entra de a poco en un estado de hipnosis del que regresa, al final, transformado. El martes pasado, cuando Cristian Alarcón leyó su crónica sobre un homicidio fallido muy violento en el sur de Chile, la sala quedó cargada de esa extraña sensación que viene con el cruce del horror con la belleza.

En julio, María Moreno trajo un ensayo sobre el significado de un nombre de guerra y la tensión de las identidades. Partió de Montoneros, pasó por Rodolfo Walsh, evocó a la militante trans Lohana Berkins y llegó a Marlene Wayar, una líder combativa travesti. No había lágrimas en la sala mientras Moreno leía (como si las hubo, a punto de brotar, cuando lo hizo Alarcón), sino un interés hechizado y una sinapsis neuronal que hasta parecía ruidosa en las cabezas de todos los presentes, mientras se nos revelaban nuevos sentidos en torno a la identidad.

En junio, Marcelo Larraquy nos contó cómo fue que, en un momento un poco raro de su vida, admiró y tomó como modelo a un colega de la revista Noticias –donde entonces trabajaba– que lo empujó con su ejemplo a convertirse en el gran periodista que Larraquy es hoy. Y yo, por lo menos, me quedé pensando en quiénes habían sido los compañeros que habían marcado mi propio camino. Leer en voz alta es poner en marcha una comunicación, que es como una ceremonia, y así también tuvimos mucho en común con Soledad Barruti, Hinde Pomeraniec, Cecilia González, Juan Carlos Kreimer, Hernán Iglesias Illa y Osvaldo Baigorria.

En la sala grande la Fundación Tomás Eloy Martínez, la lectura de textos periodísticos nos lleva a reflexionar sobre el oficio y siempre terminamos hablando de lo que nos mueve y apasiona. Somos nerds del periodismo.

Empezamos hace poco, pero ya han pasado por este ciclo periodistas de investigación, cronistas, ensayistas de realidad, aguafuertistas posmodernos, aficionados de la auto(no)ficción y narradores irremediablemente fieles a sus cinco sentidos. Lo que me queda claro es que estos no son periodistas militantes, sino militantes del periodismo.

En Buenos Aires hay muchos ciclos de lectura de poesía, algunos de lectura de narrativa y uno solo de lectura de no ficción –que es este. En la Fundación TEM sabíamos que lanzar un ciclo de lectura de no ficción era un desafío: algunos de los textos que hasta ahora fueron leídos respondieron a formatos más visuales que auditivos.

El lector experto aprende a leer con un golpe de vista, pero debe renovar la atención cuando las palabras entran por los oídos. Otros textos tenían esa cualidad poética que fascina. Como sea, todos, en su conjunto, nos sirven para seguir pensando qué pasa cuando un escritor lee y el público escucha.

El ciclo, que se llama Esto No Es Ficción, tiene lugar cada fin de mes en la Fundación Tomás Eloy Martínez, en Carlos Calvo 4319.

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