Publicamos aquí parte de la introducción del libro Tomás Eloy Martínez: Juan Domingo Perón: Encuentro en Puerta de Hierro, escrita por Ezequiel Martínez. En este trabajo -editado por Fundación TEM- se incluyen las célebres conversaciones que mantuvieron el gran periodista y el líder político durante cuatro días. Ocurrió en Madrid en 1970. El resultado fue publicado en el Semanario Panorama. El libro incluye además un cedé con los audios originales y fotografías.
También  se pueden ver aquí cuatro páginas del único fragmento originalmente mecanografiado de esa conversación, que incluye intervenciones de José López Rega. Este material forma parte del Archivo Fundación TEM, disponible para consulta con cita previa.

Si bien existen incalculables horas de grabación con audios y videos de Juan Domingo Perón, son pocos los registros que han cosechado tantas páginas en libros, documentales, diarios y revistas como las que provienen de las siete cintas de audio que realizó mi padre, Tomás Eloy Martínez, durante sus encuentros en Madrid con el tres veces presidente de los argentinos. El primero tuvo lugar en junio de 1966, y luego se sumaron otras cuatro jornadas entre el 26 y el 29 de marzo de 1970.

También han sido infinitas las veces en que su autor narró la trastienda y los caminos que recorrieron estas grabaciones, y la manera empecinada en que le torcieron el destino. Nadie mejor que él, entonces, para reconstruir los avatares de aquella historia. Así lo hizo en Las vidas del General, un libro en el que intentó separar las aguas entre realidad y ficción a raíz de los debates que surgieron a partir de La novela de Perón y Santa Evita:

Conocí a Juan Perón la aciaga noche del derrocamiento de Arturo Illia, a fines de junio de 1966. Hablé con él durante tres largas horas bajo un retrato al carbón del Che Guevara, en las oficinas que Jorge Antonio tenía en el Paseo de la Castellana de Madrid. De ese diálogo se publicó sólo una página, menos de trescientas palabras, en la edición especial que el semanario Primera Plana dedicó al golpe militar acaudillado por Juan Carlos Onganía.

Después, cada vez que yo pasaba por Madrid, lo llamaba por teléfono para preguntarle por su salud y por sus planes políticos. Dejábamos caer un par de frases triviales y eso era todo. (…) Una mañana de febrero de 1970 llamé a la quinta 17 de Octubre, en Puerta de Hierro, con la vaga intención de pedir una cita. Para mi sorpresa, el General atendió el teléfono. ”Quisiera verlo y conversar dos o tres horas con usted”, le dije, con una torpeza que no consigo olvidar. ”Si está de acuerdo, voy a grabar esa conversación, para publicarla en la revista”.

“Hasta fines de marzo no va a ser posible”, me contestó. “Tengo que ir a Barcelona. El doctor (Antonio) Puigvert quiere sacarme unos cálculos de la vejiga. Déjeme ver”. Lo sentí barajar sus propios tiempos al otro lado de la línea. “Venga el 26, a las ocho de la mañana”. El General solía imponer a sus visitantes esas horas de tormento.

“Ahí voy a estar”, le dije.

“Espérese”, me atajó. “¿Qué me va a preguntar?”

Por un segundo interminable quedé con la mente en blanco. No tenía la menor idea de un cuestionario que le pudiera interesar tanto a él como a los lectores. Los Montoneros y las FAR no habían aparecido aún en el horizonte, esgrimiendo su nombre como bandera.

“Me gustaría que me cuente su vida, desde el principio”, le respondí, por instinto. “Tal vez ya es hora”.

Sentí su silencio al otro lado: las pesadas plumas del pasado cayendo sobre su cabeza.

“Tiene razón”, dijo. “Ya es hora”.

Perón había estado reconstruyendo sus memorias junto a José López Rega, y muchas horas de aquellos audios se pierden en las tediosas lecturas de esos dictados que el ascendente secretario hacía frente al grabador. Los registros adquieren otra dimensión cuando la voz del General se impone con sus recuerdos espontáneos o frente a la reacción enérgica luego de alguna pregunta que se salía del guión. Tomás Eloy Martínez tardó casi una semana en ensamblar los pedazos del diálogo y componer una versión con la que Perón estuviera de acuerdo. Las memorias aprobadas por él se publicaron en la revista Panorama el 14 de abril de 1970. Abarcaban los primeros cincuenta años de su vida. Luego, en las ediciones del 21 y del 28 de abril, mi padre publicó –con autorización del ex presidente– fragmentos de lo que le había contado sobre Evita, sobre la muerte de Vandor y sobre “la liberación de los pueblos”. Cuando a comienzos de mayo lo llamó para saber si estaba conforme, Perón se mostró satisfecho: “Estoy repitiéndole a los muchachos que ésas son mis memorias canónicas”.

Estas entrevistas configuran uno de los registros más íntimos que puedan existir de Perón, y además de ser una fuente de indudable valor histórico, sorprenden también por la posibilidad de escucharlo en una conversación mano a mano, con las respiraciones de su voz y las mudanzas de su estado de ánimo, haciendo gala de los giros de su profunda entonación criolla, y con la fluidez de ideas de un líder político que dejó una huella indeleble en los destinos de la Argentina.

Ezequiel Martínez
Presidente de la Fundación Tomás Eloy Martínez

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