Entrevistamos a Luciana Mantero con motivo de la publicación de su libro Margarita Barrientos. Una crónica sobre la pobreza, el poder y la solidaridad, editado por Capital Intelectual.

Luciana Mantero / Foto: Archivo autora

Luciana Mantero es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires y periodista egresada de TEA. En 2005 obtuvo una mención especial del Premio Gota en el Mar al Periodismo Solidario, que entrega la Fundación Germán Sopeña, por su trabajo en la revista Tercer Sector. En 2002 colaboró con la investigación y redacción del libro Cartoneros, de Eduardo Anguita. Desde 2004 trabaja para distintas ONGs. Actualmente coordina la comunicación de Alegría intensiva, payasos de hospital.

Durante dos años, Mantero se sumergió en el mundo de Margarita Barrientos y reconstruyó el andamiaje de una vida signada por la pobreza, la solidaridad y el poder. En ese rompecabezas que terminó siendo una investigación de más de 300 páginas y 100 entrevistas, el libro se posiciona como un eslabón fundamental para leer el entramado político en las villas, la pobreza legada por los años ´90 y el desbarajuste económico y social que viven las familias en los lugares más empobrecidos y humildes de la Argentina.

Con una prosa honesta y una narración emotiva, la autora describe un contexto social en descomposición para iluminar una vida. “A pesar de que mi relación con Margarita hoy es cordial, sé que no es el libro que ella y sus fans esperaban. Hubo una desilusión y cierto malestar con la publicación”, asegura la autora.

1- En la introducción del libro usted afirma que siempre, en los distintos medios en los que trabajó, quiso hacer algo con Margarita Barrientos. ¿Qué es lo que le interesó de su figura?

Por un lado su pasado me parecía tremendo y fascinante. Tenía todos los condimentos de una buena historia. Cada vez que la escuchaba contar aquella escena en la que de niña cruzaba a caballo el monte con su hermanita, para abandonarla luego en Añatuya y correr hacia el otro lado a tomar el tren a Buenos Aires, o aquella otra en la que Margarita se tiraba del tren pensando en que no iba a parar en José C. Paz, sus palabras me conmovían. Su presente, con diez hijos, un marido al que le falta un brazo y se la pasa construyendo y mil quinientas personas alimentadas diariamente de sus huestes, completan esta historia casi épica. Me parecía que era una combinación entre tragedia social y realismo mágico que podía funcionar desde el punto de vista narrativo. Por otro lado me intrigaba su magnetismo con los medios y con los famosos, sus dotes de oradora: cómo había podido convertirse en referente, en la cara de la solidaridad, y estrechar lazos con otras clases sociales. Era algo excepcional. En tercer lugar su obra me parecía admirable, así como el hecho de que hubiera sobrevivido en el tiempo. Por último sus turbulentas relaciones con la política terminaban de convertirla en alguien de cuyo retrato podía esperarse una narración compleja y atrapante.

2- En su trabajo como periodista se refleja un gran interés por las clases más postergadas y humildes. ¿Su intención era darle visibilidad a algo que los medios prefieren no mostrar?

Definitivamente me interesan las historias de aquellos quienes, en general, no son noticia. Esas voces olvidadas por los medios cuyas vidas uno se pregunta si hubiera soportado vivir. Tal vez sea porque considero que hay mucha valentía en seguir para adelante frente a tanto desamparo. O no, y es un mero instinto de supervivencia. Pero me interesa explorarlo, sin caer en una mirada paternalista. Me siento, sí, privilegiada por ser el vehículo para que estas vidas salgan del anonimato.

3- Su libro reconstruye la vida de Margarita Barrientos con sus costados positivos y negativos. ¿Qué puntos negativos de su vida le impresionaron?

Me impresionó por un lado su capacidad para “reconstruir imaginativamente”, con semejante talento narrativo y convicción, ciertos episodios de su pasado. También, su victimización en situaciones de alta conflictividad. En definitiva su palabra se transformó, de pronto, en absolutamente poco fiable y esto hizo mucho más complicado mi trabajo. Lo más difícil en todo el proceso de este libro fue manejar y administrar la relación con Margarita. Cuando pasás más de un año y medio entrevistando y acompañando a una persona regularmente, toda la teoría de la distancia óptima y la objetividad del periodismo se torna casi una utopía. Es un “norte” deseable pero poco realista. Entonces, cuando vas descubriendo segundas versiones de muchas de las historias que la protagonista -con quien estableciste un lazo de afecto- te va contando, es difícil manejar el impacto emocional que te genera el sentirte manipulado. El resto de sus aspectos que yo considero negativos, no me sorprendieron.

4- En el prólogo habla de «extranjeridad» para contar la pobreza. ¿Cómo y desde qué lugar abordó el tema?

Primero no intenté sobreactuar ni camuflarme; ni en la investigación, ni en el texto. Siempre estuvo claro que yo era la de afuera y que todo eso me impactaba. En términos de lo literario esto me sirvió para establecer una complicidad con el lector –que probablemente sea tan extranjero como yo-, ser su guía. Después, me propuse luchar contra mis posibles miradas maniqueas, estandarizantes o paternalistas: ni buenos, ni malos. Ni esta idea de que la pobreza corrompe o llena de resentimiento, y tampoco aquella de la pura víctima del sistema. Dejé que el transitar las horas en la villa me fuera mostrando historias diversas, complejas. Y así intenté contarlas, desde mi mirada de mujer de clase media, pero dejando hablar otras voces. Igual no fue fácil. Me descubrí “mirando” de forma paternalista muchísimas veces.

5- El trabajo sobre el libro duró dos años. ¿Qué ideas tenía antes que cambiaron por completo después de terminar con la investigación?

Yo iba a contar la historia de “una buena”. No digo de una Santa, porque siempre tuve claro que no quería hacer un libro de propaganda (una hagiografía), pero sí de alguien con menos contradicciones. Este libro me ayudó a crecer, enriqueció mi mirada y creo que le agregó infinidad de matices. Descubrí que los líderes sociales pueden ser tipos jodidos y, a la vez, profundamente bondadosos y compasivos. También, que la ayuda social entregada sin controles, esclaviza. Que algo que puede ser en un principio genuino y necesario, se termina transformando en una forma de corromper la iniciativa personal y la voluntad. Y aún más, que puede crear y promover verdugos. Que la culpa no siempre es del Estado o de la política y que la peor corrupción está también en actitudes individuales. En este sentido recuerdo el impacto de las horas posteriores al incendio que destruyó la Manzana 10, la más precaria de Los Piletones. Recorrí el lugar, desierto de medios y sin presencia del Estado, sintiéndome insegura y angustiada. El panorama era desolador. En pleno sol del mediodía, sin agua potable, la gente intentaba guarecerse bajo algunos chapones por si venían a censarlos. Muchos de ellos se habían quedado sin nada realmente. Otros, que en general se me acercaban con prepotencia, venían de otro lado y daban vueltas para ver si pescaban algún otro subsidio del que volverse parásitos.

6- Margarita coqueteó muchas veces con las ofertas políticas que le ofrecían. Ibarra, Cobos y Macri son algunos de los casos. ¿Por qué nunca dio un no rotundo y dejó abierta esa posibilidad? ¿Qué relación tiene ella con la política?

Creo que a Margarita le gusta estar cerca del poder y sentir que tiene influencia. Ella juega al ajedrez. Su inteligencia intuitiva la ha llevado a darse cuenta de que a la hora de negociar ayuda para su obra, ser un potencial activo partidario y de varias fuerzas a la vez le da mejores resultados. Vive los ofrecimientos, además, como un reconocimiento. Pero sabe que si cruza la línea es muy difícil volver atrás. Y seguramente teme perder la inmunidad que le genera no tener intereses partidarios explícitos, ser parte del mundo de la solidaridad al que solemos considerar “casto y puro”. Sin embargo ella tiene sus simpatías, sus afinidades ideológicas, personales y políticas –hoy alineadas con el macrismo- que se mezclan permanentemente porque su obra y su vida son casi inseparables. Margarita se siente segura en su mundo; la intelectualidad y la diplomacia de la política, dice, no son lo suyo.

7- El libro mantiene una postura neutral ante las peleas políticas, los «enemigos» de la villa y los compañeros de Margarita. Ahora, personalmente, ¿cuál es su opinión sobre Margarita Barrientos y el mundo de la villa?

Creo que la obra de Margarita es hermosa. Que sostiene y cambia vidas. Que el mundo de la villa es un mundo en el que quien no lucha por hacerse respetar, tiene todas las de perder. Que hay liderazgos positivos y otros negativos, más centrados exclusivamente en ambiciones personales, pero que no existen absolutos. Hasta acá llego. Prefiero que los lectores formen sus propias opiniones con el correr de las páginas, sin demasiados condicionamientos.

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