Entrevistamos a Cristina Civale con motivo de la publicación de Las mil y una noches. Una historia de la noche porteña (1960-2010).

Cristina Civale / Foto: Web

Cristina Civale nació en Buenos Aires en 1960. Licenciada en Comunicación por el Círculo de la Prensa de Buenos Aires y Licenciada en la carrera de Letras de la UBA, escribió los libros de investigación periodística Hijos de mala madre (1993); Esclavos, informe urgente sobre la inmigración en España (2004); Niños, lejos de Disneylandia (2006), y Crónicas desde la frontera, viaje al mundo trans (2008). Además de ejercer el periodismo desde 1984, es editora, gestora cultural, guionista y tiene en su larga lista de actividades, la dirección de cortometrajes. Actualmente dirige el sitio TrovarelAmerica, ocupa el cargo de editora general de la revista Gazpacho, del Centro Cultural de España en Buenos Aires, y lleva adelante el blog Civilización y Barbarie.

La aparición de su nuevo libro, que ella prefiere llamar de «historias de la noche», inaugura una nueva sección en el blog de la Fundación TEM: la de Novedades editoriales. Las mil y una noches. Una historia de la noche porteña (1960 – 2010) es un libro que puede leerse como agenda cultural con mirada retrospectiva. Atravesado de punta a punta por una gran galería de personajes y una minuciosa descripción de lugares y templos nocturnos que darán cobijo a las expresiones más urgentes y disímiles como el rock y el happening, Cristina Civale construye un hilo conductor en donde la noche refleja los conflictos, la política, la moda, la cultura y la frivolidad. Un compendio de historias en donde «la fiesta» es su denominador común.

1- En su libro anterior, Crónicas desde la frontera, se vislumbraba la noción de escritura nómade, que aquí, en Las mil y una noches, vuelve a retomar. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?

El nomadismo siempre está presente. Lo cuento como si fuera una náufraga. El nomadismo es un rasgo que aparece y, evidentemente, no me lo puedo sacar de encima. Igualmente, creo, salir por la noche siempre tiene algo de rasgo nómade. Tiene un punto de partida, pero uno nunca sabe dónde puede terminar. No hay nada planeado en la noche, terminás en algún lugar inesperado, en la casa de alguien que no conocés. La noche, en sí, tiene algo de nómade. En el libro, esta cuestión del nomadismo se va a notar en el capítulo uno y cinco.

2- ¿Por qué decidió abarcar las noches del ´60 y no las del ´30, ´40 y ´50, donde hay un movimiento nocturno importante? ¿Usted cree que la noche argentina tiene su nacimiento en esa década, o como afirma en el libro, que el año ´63 va a ser fundamental?

Porque resultaba inabarcable. También resultaba imposible recolectar información. Para mí, uno de los puntos principales del libro era que la noche que retrataba tenía que tener una justificación periodística. En la noche del ´30 y del ´40 no tenía un ícono histórico para narrar. Comencé por la década del ´60 porque tiene dos nacimientos fundamentales: el pop y el rock nacional. Empezar antes, con el tango, era encontrar una justificación que no encontraba. A los editores del libro les interesaba abarcar toda la cuestión del tango, pero no había suficientes fuentes y, personalmente, me resultaba imposible hacerlo. Le puse un coto a la historia de la noche porque, creo, hay una justificación histórica y periodística que tiene que ver con el peronismo proscrito, el gobierno militar, el nacimiento del Instituto Di Tella, el pop y el rock nacional. Antes, más allá de lo difícil de las fuentes periodísticas, y la existencia de cabarets y una movida noctura importante, la noche era más arbitraria.

3- Hay un intento de correrse del ensayo erudito en su libro. ¿Qué intentó reflejar de la noche porteña?

Lo que me interesaba señalar de la noche era su espíritu de fiesta. Todos los libros que se escribieron alrededor de la noche tendían a demonizar la nocturnidad o tienen un espíritu académico que me mostraba una noche que no fue transitada, sino estudiada desde un laboratorio. Con lo cual, lejos de la sociología y la antropología, me dediqué a desatanizarla, a entrevistar a los que caminan la noche y la vida. Contar lo que sucedió verdaderamente en tal espacio, en situaciones específicas. Por eso, traté de esquivar la mirada de un sociólogo y sí recuperar la voz de un habitué, de la gente que salía de noche, que curtía la movida. Desde ahí me paro para contar lo vivencial.

4- Uno de los elementos de mayor pregnancia en su libro es la utilización del tiempo presente en la narración de los hechos. ¿Podría desarrollar cómo logró esa tonalidad y cómo fue recopilar tamaña información para la construcción de las historias que contiene el libro?

Empecé a trabajar con lo conocido. Y lo conocido me llevó a lo desconocido. Mi primera entrevista fue a Juan Lepes, que a finales de la década del ´80 fue el dueño de Paladium. A partir de ese primer entrevistado, cada uno me fue llevando a otro. Así fue como construí mi cadena de entrevistados. Todos, de igual manera, me marcaron los agujeros que podía tener la historia. En cuanto a la cuestión del presente, es un libro de non – fiction. El presente, desde la escritura, me parecía interesante para poder contar «el estar ahí». Generar en el lector la sensación de presente, que se sienta ahí cuando pasa las hojas del libro. Fue un trabajo arduo de edición lograr ese tono, porque uno tiende a contar hechos del pasado en pasado. La idea del libro es respetar, en todos los párrafos, esa sensación de presente continuo. Sin embargo, el libro es una falsa crónica. La sensación de crónica la da el presente. Igualmente acá no se acaba la noche. Hay intersticios que lo tendrán que llenar otros, con otros puntos de vista.

5  ¿Cuál es su relación con la crónica del nuevo periodismo?

En su momento fue una manera de escribir que se impuso. Hay libros de crónicas como los de Cristian Alarcón que son corpus, que tienen un trabajo arduo de investigación y de escritura. La crónica es meterse en el barro del otro. Es no hacerse amigo del otro, no verlo como un diferente pero sin juzgarlo. En Crónicas desde la frontera es un libro de crónicas reales, donde estuve presente en las cosas que sucedían a mi alrededor. No me lo contó nadie. La crónica siempre va a ser un género vigente. Nada muere. Los géneros una vez que se inventan son atractivos. Sin embargo, es muy difícil escribir una buena crónica, porque es además de un trabajo escritural, un trabajo humano muy dificultoso, emocional. De alguna manera, escribir siempre es traicionar.

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