Las noticias que aparecen en diarios y revistas pueden transformarse en material de ficción. A partir de allí surgen varios interrogantes: ¿qué noticias pueden transformarse en un cuento o aún, en una novela? ¿En qué radica la especificidad del periodismo y la de la literatura? ¿En qué puntos pueden encontrarse y en cuáles cada cual va por su propia ruta? Algunos de estos temas son los que nutren el taller Escribir ficción a partir de noticias (tu historia en el diario de ayer), a cargo de Betina González y Reynaldo Sietecase.

En el primer encuentro, Sietecase sostuvo que “periodismo y literatura son dos cosas completamente diferentes”. “El compromiso de la literatura es contar una buena historia y vale todo: imaginación, personajes, diálogos. Pero en el periodismo, si bien la intensidad de escritura es la misma, hay algo a lo que no se debe renunciar: la verdad de los hechos”. “En Argentina Walsh es el antecedente fundamental de contar con técnicas narrativas un hecho real a través de Operación Masacre en 1957. Años después, no antes, Capote hace lo mismo con A sangre fría: técnicas literarias para contar un hecho real”, ejemplificó.

El periodista y escritor recordó que, cuando trabajaba en Rosario 12, fue a cubrir un motín a la cárcel de Coronda. Allí conoció a un abogado, preso por haber secuestrado a otra persona y haberla disuelto en ácido sulfúrico. “El tipo era una mente brillante: citaba a Foucault, a Cortázar, un gran personaje”, evocó Sietecase. Poco tiempo después, participó de un taller de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano coordinado por Tomás Eloy Martínez. “En cuatro días había que producir un texto y me dediqué a esa historia que tenía. Al terminar, Tomás nos hace leer a cada uno los textos. Cuando termino, él me dice ‘Ahí usted tiene una novela’. Y me pareció raro. Entonces dije: ‘Sí, puede ser una buena historia’. Me mira con cara severa y aclara ‘No dije que la pudiera escribir: dije que ahí había una novela’. Y es lo que hice. Primero entrevisté a 43 personas, leí el expediente, una cosa demencial. Luego me encontré con él nuevamente. Y me dijo algo que recién entonces pude escuchar: ‘Yo te dije que ahí había una novela, no una investigación periodística’. Al fin le hice caso. El resultado es Un crimen argentino, que publiqué en 2002”, dijo.

Por su parte, González apuntó: “La novela admite todos los discursos posibles, desde los diálogos a las investigaciones, con el objetivo final de contar una buena historia. Es decir, ése tiene que ser el objetivo final pero también, el punto de partida”. En ese sentido, explicó que “la invención tiene que ser el gran disfrute del escritor”. “La novela puede hacer cosas que el periodismo no puede hacer porque la ficción siempre trabaja sobre sentidos. El artículo periodístico no necesariamente lo tiene, es información y ya”. “El sentido de la ficción está vinculado que algo de la experiencia humana es revelado en esa narrativa. El sentido de una novela nunca es uno solo”, especificó.

O sea que, “para escribir ficción a partir de noticias es importante poder correrse del discurso periodístico porque eso ya está en los diarios”. “De lo que trata la escritura de una novela es de crear un artificio. Un narrador tiene que ser un encantador, es como un mago capaz de hacer buenos trucos. ‘Truco’ en el buen sentido, en el sentido de que hay algo de ilusionista en ese escritor de ficción. Y ese componente tiene que estar. Así que para hacer ficción, a las noticias hay que correrlas del discurso periodístico”, sintetizó.

Texto: Ivana Romero

Foto: Verónica Martínez / Archivo Fundación TEM

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