Los lunes de agosto a las 19hs. va a tener lugar el seminario- taller  «La mirada colectiva. La sinergia de trabajar en equipo», que estará a cargo de las periodistas María Mansilla (redactora) y María Eugenia Cerutti (fotógrafa). Repensar el concepto de red REAL se hace necesario cada día más en el ámbito periodístico. Volver a trabajar en equipo es la propuesta. El taller será la prueba de su práctica. Las dos Marías nos detallan un poco más por qué y cómo piensan esta dinámica. 

¿Cuál fue la idea- o el conflicto- que les dio pie para pensar un taller de estas características?

La idea, sí, surgió casi de un conflicto personal. Después de tantos años de oficio, a la hora de encarar un tema nuevo de forma autoral, independiente, asumimos que lo que nos termina de entusiasmar es encarar en equipo. Hipotéticamente, el equipo potencia la motivación y las posibilidades de encontrarle más sentidos y profundidad a una historia. ¡Y de terminarla algún día! Y contribuye a una de las fórmulas de la fotógrafa Susan Meiselas: «que tu cobertura sea, ante todo, una buena experiencia personal». En muchos casos terminás haciendo alianza con amigos. Pero con amigos a los que conociste trabajando, con los que existe un vínculo que nació de la empatía pero también del respeto profesional.

¿De qué forma se trabaja hoy en las redacciones y cuál es la forma que ustedes proponen?

El trabajo en las redacciones está tan flexibilizado y es tan solitario… Si tenés el lujo de cubrir con un fotógrafo/a o redactor/a seguro vas por separado o a las corridas. De todas formas, siempre se pueden hacer mejores prácticas, en todos los espacios. Es enriquecedor cuando te toca un buen editor/a cuya mirada suma; descansás, abrís tu cabeza con sus sugerencias y devoluciones. Lo que proponemos es aliarse, sobre todo, para afrontar  proyectos personales. Superar el método de los mejores tiempos del nuevo periodismo y enriquecerlo con los valores de la cultura colaborativa, aliarse también con gente de otras disciplinas. En el taller veremos ejemplos de colegas que han generado trabajamos muy interesantes en dueto.

 ¿Cómo influye la tecnología en este otro modo de encarar el oficio? ¿Cuáles son sus pro y sus contras?

La única contra es volverse adicta. Después, todo es beneficio: democratizan el acceso a la información, ponen en jaque las agendas y pactos de lectura de los grandes medios, permiten acercarse a redes de minorías, y la horizontalidad con la que podés acceder a fuentes, referentes, de aquí y de allá con un simple mensaje vía Inbox. Son globales, gratuitas, veloces, ¿qué más? Por eso, en una de las clases pensamos stalkear muros de Facebook-y otras redes- de colegas que son prolíficos, talentosos, y saben darle un uso creativo, político y personal a estos espacios.

 ¿Cómo se “ejercita” el trabajo de a dos? ¿Qué hay que tener en cuenta para que la dupla sea más provechosa y productiva?

Algo interesante es compartir la misma sensibilidad hacia un tema, las mismas ganas y compromiso. En el seminario también vamos a contar casos que no funcionaron, y a preguntarnos por qué. No hay que idealizar. Como en una relación de pareja: 1+1 no debe ser igual a 2 sino a 100. Para pensar el tema de las redes (reales, no virtuales) y la cultura colaborativa vamos a irnos por las ramas y usar textos de las ciencias sociales que plantean formas de intercambiar saberes y prácticas.

 ¿Pueden contar alguna experiencia en la cual esa mirada colectiva haya potenciado trabajo periodístico?

María: Mi experiencia faro seguro fue una nota sobre La Boca hecha para National Geographic. Con el fotógrafo (Adrián Pérez) alquilamos una casita de chapa (en Palos casi Pinzón), paramos ahí dos meses. Cada uno hacía su viaje, su investigación, seguía sus vicios, intuiciones y obsesiones. Después, no intercambiábamos datos sino historias, emociones, descubrimientos, postales, certezas. Lo encaramos con esa intensidad por cuentapropia: el editor que nos asignó el tema estaba en México, en el medio de nuestro trabajo lo echaron; quedamos huérfanos pero seguimos adelante igual sin saber para qué, si algún día se publicaría en algún lado. La historia tuvo final feliz.

Eugenia: Lo que aprendí cuando hice 132.000 voltios (junto con Silvina Heguy) fue que el equipo te da complementariedad y te permite comprender el valor del trabajo de cada una. El resultado tiene un valor agregado que es difícil de describir. Es contundente. Y sobre todo porque cada una pudo concentrarse en lo suyo y, a la vez, descansar y confiar en el desempeño de la otra. Lo ideal es que no haya competencia (como se enseñaba en las carreras de periodismo) sino complementariedad. El reportaje puede verse en la galería de http://revistanuestramirada.org/galerias/eugeniacerutti

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