Este artículo fue escrito por Vicente Alfonso. El autor evoca a Tomás Eloy Martínez en vísperas del aniversario de su nacimiento, el 16 de julio.

El artículo se publicó en El Siglo de Torreón (México) el 3 de julio de 2017 y se puede leer aquí. 

También se reproduce abajo. 

En un artículo publicado en 1994, Tomás Eloy Martínez festejaba que, tras el tremendo auge que el cine y la televisión tuvieron a mediados del siglo XX, las novelas estuvieran recobrando terreno, recuperando lectores y entreverándose con la vida. Como prueba irrefutable de que así era, el escritor y periodista argentino citaba dos pintas que había visto en los baños de Penn Station, una de las terminales de trenes de Nueva York. La primera decía: ¿Sexo oral como el de Vox? Llame al 800 327 1267. Se trataba de una referencia a Vox, novela de Nicholson Baker en donde un hombre y una mujer se masturban llamándose por teléfono. La segunda pinta invitaba a los lectores a broncearse y poner su lengua en un teléfono para convertirse en informantes. El enigmático mensaje cobró sentido sólo cuando Martínez vio, en una librería local, altas pirámides de la novela The Informers, de Bret Easton Ellis en donde bronceados estudiantes tienen lenguas atléticas que corren toda clase de maratones.

“Los lectores no abandonaron el cine, pero regresaron caudalosamente a las novelas: la ficción volvió a ser una fuente insustituible de conocimiento, y a la vez, de placer”, asegura Martínez en el texto, y añade líneas más adelante: “En un proceso de alimentación mutua, las novelas recrearon las ilusiones del cine y el cine explicó a la perfección los misterios de la creación novelesca”.

He recordado el artículo porque el próximo 16 de julio se celebrará el 83 aniversario del nacimiento de Tomás Eloy Martínez, autor que supo conjugar, como muy pocos las pasiones del periodismo y la literatura. En su abundante obra hay libros que considero magistrales, entre ellos una de las novelas más perfectas que se han escrito en nuestra lengua. Una ficción que es la novela argentina más traducida de todos los tiempos y que el año entrante será llevada a las pantallas en forma de miniserie: Santa Evita.

He hablado otras veces de Santa Evita. Se trata de una exploración literaria sobre una de las obsesiones más acentuadas de la literatura argentina: los difusos límites entre realidad y ficción. Para este experimento, Martínez se valió de quien encarna, quizá, el mito mayor del siglo XX argentino: Eva Perón. Pararrayos por igual de admiración, gratitud, odios y burlas, la compañera de Perón representó, a lo largo de su vida, una fuente casi inagotable de anécdotas: de huérfana descastada a mediocre actriz de radioteatros, de allí a primera dama y finalmente a “jefa espiritual de la nación”, Evita se caracteriza por sus caóticas medidas populistas, ciegas, como regalar casas, dentaduras postizas y vestidos de novia, e incluso conseguirle novio a las solteronas.

No obstante, transpuesto el umbral de la muerte, Evita dejó de “ser lo que dijo e hizo” para ser “lo que dicen que dijo y lo que dicen que hizo”. Es en este punto, en la turbia la ciénaga entre la vida y la muerte, donde Tomás Eloy Martínez tomó al personaje histórico para transformarlo en un personaje literario. Apuntalando su texto con datos precisos, investigados con minuciosidad, y mezclándolos con ficciones, Martínez logró una pieza a caballo entre la novela y el periodismo.

Uno de los mayores aciertos de la novela es que toma en cuenta la condición imperfecta de la memoria: nos resulta imposible recrear las acciones tal como ocurrieron, ya que “todo relato es, por definición, infiel”. En 424 páginas el autor deja claro que al margen del río de La Plata no hay aspecto de la vida que no esté tocado por el mito, a pesar de la afirmación que hace uno de los personajes más escépticos: “pensábamos que ningún desvarío de la realidad podía tener cabida en la Argentina, que se vanagloriaba de ser cartesiana y europea”.

Para conmemorar el 83 aniversario del nacimiento de Tomás Eloy Martínez, la fundación que lleva su nombre ha convocado a narradores, periodistas y autores en general a subir a las redes sociales videos en donde aparezcan leyendo alguno de los libros del maestro, acompañados por el hashtag #GraciasTEM. Subiré el mío esta misma semana. Pero además, a propia cuenta y riesgo, escribiré en todos los baños públicos que utilice una de las frases que más me gustan de Santa Evita: “El rumor es la precaución que toman los hechos antes de convertirse en verdad”. #GraciasTEM.

Twitter: @vicente_alfonso

Deja un comentario