CLARIN EN EL SALON DEL LIBRO DE PARIS

La muerte de un autor no es la de su obra. Si el día de la inauguración la estrella fue Borges, ayer fue el turno de Tomás Eloy Martínez: su novela Purgatorio –en la que recuperó los años que vivió fuera de la Argentina por causa de la dictadura militar- fue traducida y editada por la prestigiosísima editorial Gallimard y es una de las novedades de este Salón del Libro.
Por otra parte, al anochecer la Revista Ñ le dedicó un homenaje en el stand porteño. Participaron su hijo, y presidente de la Fundación que lleva su nombre, Ezequiel Martínez. También la subsecretaria de Cultura de Buenos Aires, Josefina Delgado, y su editor en Francia, Gustavo Guerrero.
Martínez describió cómo fue descubriendo la generosidad de su padre con los otros a través de los apoyos que recibió durante este año, el que siguió a su muerte. Delgado lo rescató como un “escritor que aún no tiene heredero” en relación a sus novelas sobre la historia argentina (La novela de Perón y Santa Evita, por citar dos): “sirve hoy para entender un período de la historia que muchas veces es tergiversado y por lo tanto no sirve para el futuro ni ilumina el pasado”, argumentó Delgado.
Guerrero, por su parte, trajo una historia de su juventud, en los años 70. Vivía en Venezuela, quería ser escritor y fue a un taller literario dictado por grandes escritores en el exilio. Tomás Eloy Martínez era uno de ellos. Le dio tres consejos que él todavía sigue. Y que pueden servirnos a todos. Primero, cuidar la claridad: está muy bien que un texto sea bello, pero si el lector no entiende lo que uno quiere transmitir no sirve. Segundo, que lo que importa no solo es escucharse uno mismo, sino escuchar a los demás y escucharse en los demás. Y el tercero: si uno quiere escribir y no sabe si lo que está haciendo es un ensayo, un poema o un cuento, lo va a saber durante el proceso de escritura. No sirve preguntárselo antes, hay que escribir. Los consejos de un maestro tampoco mueren.

Medio: Clarín

Fecha: 19 de marzo de 2011

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