El pasado 11 de abril, revista Ñ publicó una larga conversación con el escritor argentino Alan Pauls, volcada sobre todo a su última novela, Historia del dinero. En el oficio periodístico a menudo ocurre que algunas porciones de las entrevistas terminan fuera de la publicación, por cuestiones temáticas o de espacio. Tanto Guido Carelli -autor de la nota-, como Pauls, cedieron a Fundación TEM esas preguntas y respuestas que quedaron en el tintero y que refieren a su relación con la frontera entre ficción y no ficción, una frontera que Tomás Eloy Martínez exploró y recorrió durante su larga trayectoria.

Respecto de Temas lentos, tu libro de textos periodísticos y ensayos editado por Leila Guerriero, ¿cómo lo situás dentro de tu obra?  ¿Lo considerás literatura? ¿O tenés otra relación afectiva con la ficción, y hay algo que la «consagraría» más?

-Para nada, lo considero tan literatura como cualquier novela, igual que mi libro La vida descalzo. No hago ninguna jerarquía entre los textos que escribo.

-¿Tampoco con los textos más periodísticos?

-No, porque el tipo de textos periodísticos que hago está muy en relación con el tipo de escritor que soy, digamos. Y cuando leés Temas lentos me parece que lo que aparece de una manera muy evidente es eso: hasta qué punto todos esos textos, que han sido escritos para medios tan diferentes -algunos académicos, otros para conferencias, para revistas, diarios-, tienen una afinidad de tono y de estilo muy notable. No digo que sean ni buenos ni malos, digo que están escritos por una misma persona que, cuando escribe para un diario y cuando escribe para una conferencia en una universidad, baraja un poco los mismos materiales, las mismas entonaciones, los mismos procedimientos. Jamás escribí una nota para un diario «de taquito», como uno piensa que los periodistas profesionales escriben ciertas notas. Jamás tuve esa aptitud; creo que no soy capaz de hacer eso. Con esto quiero decir que cuando escribo ochenta líneas sobre una película para Página 12 se me plantean los mismos problemas que cuando tengo que escribir un ensayo.

-Sí, pero también tiene que ver con una posición ética ante el texto y de honestidad intelectual. Algunos escritores que navegan entre las dos aguas -de la ficción y el periodismo- a veces parecieran tener una visión peyorativa del segundo.

-Yo no, no es mi visión. Es cierto que tengo muchas diferencias con el periodismo: no soy un periodista de raza, de redacción, no soy un periodista que despacha ochenta líneas en quince minutos, como sé que la mayoría hace. Soy un periodista que escribe poco, no tengo una gran producción, no alimento cotidianamente la máquina periodística, en parte porque no me siento capaz y en parte porque no me interesa mucho. Más bien me veo como alguien que interviene en el mundo del periodismo como con cierta inflexión personal y punto. No soy un pez que nada en ese agua. Y en general, aunque trabajé toda mi vida como periodista, siempre me las ingenié para organizar un espacio de semi autonomía, en el que pudiera funcionar bien dentro de la institución periodística. Y funcionaba si la institución reconocía la particularidad de lo que yo podía ofrecerles y no me obligaba a «convertirme» en un periodista. Quiero decir, Osvaldo Soriano era un tipo que era un periodista de raza, el tipo que escribía sobre cualquier cosa, en cualquier circunstancia y para cualquiera. Yo no puedo hacer eso y no sé si me interesa hacerlo.

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