Ediciones Lea acaba de publicar 12 rounds, una antología de cuentos de boxeo a cargo de Juan Marcos Almada y Mariana Belén Kozodij. Compartimos el prólogo de Sergio Víctor Palma, ex-boxeador y periodista deportivo, que en su texto de presentación escribe: “Un muy completo muestrario de individualidades líricas que pertenecen a promisorios valores de las más diversas tendencias, preferencias, gustos y formaciones muy diferentes. Esencialmente una obra cambiante en sus escenarios; un ring, un vestuario, donde valores y sentimientos universales juegan en cada uno de sus detalles, en cada gesto”.

Orgulloso, porque más allá de las polémicas que genera, el boxeo sigue siendo la disciplina deportiva de la que más se ocupan escritores, sociólogos y poetas. Muy halagado por haber sido invitado a prologar esta antología. Profundamente agradecido y en actitud plena del más absoluto respeto a todos los autores que la integran, me remito a la grata tarea que me ha sido encomendada.

En “Katrina”, Clara Anich plantea una circunstancia de vida que nos devuelve a nuestra realidad. Sí, elegimos cosas en la vida que tienen una importancia disímil, única y particular de cada uno. “Katrina”, la protagonista de la historia, carga con una expectativa en su actividad como boxeadora que nos resulta imposible prever. Cuando ella dice: “soy capaz de dejar todo por el boxeo”, es prácticamente imposible imaginar con certeza cuánto, es todo.

Con “El Cacique”, Marcelo Guerrieri; casi de soslayo, muestra en un personaje bizarro como Papusa Palito Esquiante, un claro gesto de madurez y honestidad, que en la vida real —al menos que este prologuista sepa—, sólo el padre de Óscar de la Hoya llevó a la práctica cuando le dijo: “Ya no sé más que enseñarte. Tendrás que buscarte otro maestro”. Es como para postrarse ante semejante humildad.

Patricia Suárez, con “Iniciación”, nos muestra otro de los costados siniestros de aquellas situaciones que llevan a la práctica y el aprendizaje del boxeo: el miedo.

La sórdida e inocente locura de “Cacho de Fierro,” de Patricio Eleisegui, nos muestra esa extraña capacidad que tiene el ser humano, para trocar en mérito las desventajas de una carencia. Y llegar a sentirse orgulloso de haber vencido alguna vez, sólo porque su rival se cansó de pegarle.

En tanto Mariana Belén Kozodij, desde “Otro Ring”, retoma el viejo mito sobre la práctica y desarrollo del boxeo, para dar rienda suelta a una narrativa natural, tan humana como apasionada y erótica.

Juan Guinot, por medio de “Unificación”, nos posibilita la rápida visión de un posible mundo futuro. Es obvio que los neologismos que emplea Guinot representan un recurso imprescindible para referenciar cosas o situaciones inexistentes en medio de nuestra presente realidad de tan sólo tres dimensiones.

Carlos Salem en “Por un kebab”, deja volar su imaginación y relata una historia alimentada de historias. Una historia que a la vida real le costaría mucho avalar. No obstante, las fantasías relacionadas con las historias de boxeadores, tienen más que ver con este tipo de relatos, que con historias acontecidas en la vida real. Cuando este prologuista colaboraba con Leonardo Fabio en el rodaje de la película Gatica, el Mono, el célebre director cinematográfico me dijo: “Yo tengo que respetar el mito”, cuando le dije que el combate entre José María Gatíca había durado varios rounds y no uno solo, como sostiene el mito popular.

En “Mirta tiró la toalla”, Nicolás Correa ofrece un certero pantallazo acerca de un vasto sector de nuestra sociedad, en el que este tipo de situaciones abundan.
La pobreza estructural de populosos sectores marginales, es causa y consecuencia de tales situaciones que tienen como excluyentes protagonistas tanto a boxeadores como a todo individuo de cualquier oficio u ocupación que sólo permita subsistir, sin olvidar esa quimérica promesa de emerger, que el boxeo conlleva. Lo más seguro y probable es que la actividad deportiva no le retribuya con dinero suficiente, pero sí es posible que algún combate suyo sea anunciado con grandes titulares en los espacios deportivos, testimoniando fielmente su azarosa existencia. La exclusión es tan dolorosa, que lograr el público reconocimiento de la propia existencia, cobra tanta importancia como la subsistencia misma.

Juan Marcos Almada, en “Recortes”, logra el mágico efecto de cumplir con la vieja sentencia de León Tolstoi: pintar el mundo, describiendo su aldea; una manera práctica de ser universal. Si usted ya vivió cinco décadas, podrá visualizar como propias muchas de las situaciones que describe quien fuera la novia del recordado “Goyo” Peralta. Si es usted más joven no le costará demasiado identificar y relacionar el relato con los recuerdos de la abuela o de alguna tía.
Por momentos la narrativa nos transporta al Macondo de Cien Años de Soledad, pero en este caso sin ningún cataclismo. De modo tal que podemos seguir la historia hasta llegar a nuestros días. Porque precisamente de eso se trata, los héroes de todas las guerras, los presidentes, los más destacados artistas, los deportistas más reconocidos o populares: fueron o son, integrantes de la comunidad que nos comprende.

Como escribí arriba, ya me lo había dicho Leonardo Fabio: “Hay que respetar el mito”… En “Reyes del cincuenta y uno” Marcelo Luján toma el mito, y cuenta cómo lo vivió un tal Juan (quizá Juan Domingo, vaya uno a saber…). Su joven mujer, a quien mucha gente esperaba, no se sabe si a ella o de ella. Pero era joven, dormía, tal vez soñaba. Perdón, claro que soñaba. Gracias Marcelo Luján, por ese flash tan humano del mito nacional.

Hernán Brignardello, en “Pampero”, como el desagradable tañido de un despertador, nos avisa que el encanto terminó. Ganó -como era previsible-, un tal “Toro Salvaje de las Pampas”, ante un rival que no presentó ninguna oposición. Es decir, venció, pero sin gloria… En tales casos se piensa más en la pobreza del perdedor que en los ¿merecimientos? del ganador.

Gabriela Cabezón Cámara, con un personaje post moderno, nos muestra una rara avis en “Viviendas dignas, con buena vista y muchos parques”, respecto a la caracterología identificatoria del grueso de los boxeadores. En tanto la gran mayoría de los púgiles se inclinan por la práctica del boxeo en busca de refugio para una personalidad débil o vulnerable, Victoria Unita, nos demuestra que ha encontrado en la disciplina del boxeo una manera práctica de sublimar su sexo natural. Todo con el riquísimo aderezo de los matices sociales que le posibilitaron a Don Hipólito Yrigoyen vindicar el prestigio de la incipiente “Clase Media” Argentina de los principios del Siglo XX. Y a Juan Domingo Perón, por primera vez en la historia de la humanidad, extenderle Personería Jurídica y política a la “Clase Obrera” e instalarla con voz y voto en el escenario supremo de la Patria.

12 Rounds deja muy claramente establecido que a los boxeadores “nos comprenden las generales de la ley”. Que cuando un actor debe caracterizar a un boxeador, con actuar de ser humano, le basta y sobra. Esta obra florece en medio del intenso fragor de otras luchas menos espiritosas y estimulantes que aquellas que la literatura nos posibilita, desde el selecto arsenal de la inspiración de aventurados escritores ha florecido un trabajo que, momentáneamente, nos aleja de todo lo material y mundano, encendiendo una muy clara señal de esperanza. Más allá de la lógica contemplación de las cosas externas, un puñado de escritores exponen y revelan, confesional y líricamente, sus íntimos sentimientos, en la más amplia y variada gama tónica, que discurre por la colorida pintura del relato, la patética evocación, los recuerdos felices, la descripción detallada y animada, el trance fugaz y las emociones perdurables, hasta abordar la inspiración humanamente filosófica, el canto a la belleza y a la bondad, las reminiscencias melancólicamente nostálgicas, la concepción metafísica de la vida y de la muerte, el amor idílico y las inevitables frustraciones sentimentales, la esperanza cristalizada y la euforia poco sustentable del éxito efímero. En síntesis: un muy completo muestrario de individualidades líricas que pertenecen a promisorios valores de las más diversas tendencias, preferencias, gustos y formaciones muy diferentes. Esencialmente una obra cambiante en sus escenarios; un ring, un vestuario, donde valores y sentimientos universales juegan en cada uno de sus detalles, en cada gesto.

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*Sergio Victor Palma (La Tigra, Chaco, 1956). Se hizo boxeador profesional al cumplir veinte años de edad. En sus dos primeros años de actividad ya había ganado los campeonatos nacionales de Argentina en los gallos y supergallos, y el campeonato sudamericano de los supergallos. El 15 de diciembre de 1979 viajó a Barranquilla, Colombia, para disputarle la corona supergallo de la AMB a Ricardo Cardona, con quien perdió en una discutida decisión en 15 vueltas. Ocho meses después recibió una nueva oportunidad, ante Leo Randolph, a quien noqueó en el 5° asalto en Washington, coronándose campeón mundial supergallo de la AMB. Realizó cinco defensas exitosas de su corona, superando a los panameños Ulises Morales y Jorge Luján, al colombiano Ricardo Cardona, al dominicano Leo Cruz y al tailandés Vichit Muangroi-et. En la revancha con Cruz, el 12 de junio de 1982, perdió el título al caer por puntos en 15 vueltas en Miami. Se retiró en 1985, pero retornó a la actividad boxística en 1989. Hizo dos combates, los cuales ganó por decisión para después colgar definitivamente los guantes. Dejó registro de 52-5-5, con 21 KOs. Alejado profesionalmente de los cuadriláteros, trabajó en periodismo deportivo y se convirtió en analista de box. También incursionó en el rubro de la canción y la poesía (grabó un disco con canciones propias). Hizo radio, televisión y gráfica. También preparó actores para papeles de boxeadores.

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