El martes pasado, Rodolfo Palacios y Jorge Fernández Díaz dialogaron en la Fundación TEM en el marco de la presentación de Adorables criaturas. Crónicas grotescas de ladrones y asesinos, el reciente libro del periodista marplatense publicado por la editorial rosarina Fundación Ross. Transcribimos los mejores momentos de la charla.

Jorge Fernández Díaz y Rodolfo Palacios

Jorge Fernández Díaz lee el prólogo que escribió para Adorables criaturas

Rodolfo Palacios: Mucha gente se pregunta por qué son adorables estas criaturas. Son adorables porque lo que traté de retratar fue el costado más desconocido de ellos. Los diez que aparecen en el libro no están elegidos al azar, sino que considero que son los personajes más emblemáticos. Algunos de los que desfilan por las páginas son Yiya Murano, el Gordo Valor y Ricardo Barreda, entre otros. Pero también creo que hay un eje en común entre ellos (además de marcar una manera de delinquir que probablemente no exista más) y es que están en el ocaso de sus vidas, son como caricaturas de ellos mismos. Lo que no quise para el libro es que Barreda me cuente cómo mató o disparó. Eso no me interesaba. En ese sentido, traté de seguir lo que hace Gay Talese en Honrarás a tu padre: preguntarle a estos personajes cómo son, qué piensan. No preguntarles si son asesinos o señalarlos. Traté de saber cómo son sus vidas. Por ejemplo, el Gordo Valor es un tipo rudo que robaba bancos con fusil en la mano y muchos policías trataban de esquivarlo por su fama. Sin embargo, un día me llamó desde la cárcel para festejar el día del niño.

JFD: ¿Cómo te impacta en lo personal la relación con esta gente? ¿Qué te pasa cuando conocés de cerca a un tipo como el Gordo Valor?

RP: Me pasa que termino de conocerlo y perfilarlo después del quinto encuentro. Esto es medio alocado porque lo que busco es estar mucho tiempo con ellos. No solo grabarlos y entrevistarlos, sino también ver cómo se mueven en la calle, qué hablan con la gente y qué hacen en su vida cotidiana. Una persona se caracteriza muchas veces por lo que no dice y por cómo se relaciona con el mundo. Todos sabemos lo que hizo el Gordo Valor y la Garza Sosa. A mí lo que siempre me interesó es llegar a la persona.

JFD: ¿Qué diferencias hay entre el Gordo Valor y la Garza Sosa?

RP: Creo que son parecidos, pero entre ellos se odian. Más que nada por una cuestión de vedetismo. Es como si se pelearan Carmen Barbieri y Moria Casan.

JFD: ¿Cómo empezó tu fascinación por estos personajes?

RP: A mi me marcó mucho el texto que escribió Osvaldo Soriano sobre el caso Robledo Puch en el diario La Opinión. Estaban tan adelantados que lo publicaron en el suplemento literario. Por ese entonces, Jacobo Timerman  le dijo a Soriano que escriba lo mejor que pueda sobre el caso  (ya el tema ocupaba hasta 6 paginas por día); Soriano se encerró tres semanas en su casa, con los diarios, y escribió un texto tan insuperable que pareciera que uno está con Robledo cometiendo los crímenes. Cuando decido hacer la historia de Robledo, la única condición era si podía tener acceso a hablar con él, ya que de otro modo era imposible escribir sobre Robledo después de lo que escribió Soriano.

JFD: ¿Soñás con estos personajes?

RP: Cuando escribo sobre ellos, no; tiempo después, sí. Con Robledo sueño cada tanto. Es más, he soñado a veces que Robledo era mi padre. Sueño y los trato en terapia.

JFD: Soñé 15 años con Robledo Puch. Ese sentimiento de maldad es muy difícil de describir. En el interior del libro hay una descripción de Osvaldo Raffo. 

RP: Durante un año visité a Robledo 8 veces en la cárcel. Después de esos encuentros, cada vez que llegaba a mi casa, me contagiaba de toda esa penumbra y oscuridad. En esos años leí mucho sobre asesinos y psicópatas, y vi muchas películas del mismo estilo. Le pedí consejos a Raffo para ver a Robledo. Me dijo que no lo contradiga, que lo deje hablar y que después iba a necesitar desintoxicarme porque iba a quedar muy desanimado. Y fue así, después de esos encuentros con Robledo me sentía mareado y atormentado. Me costó salir de eso.

JFD: Lo que me pareció impactante de Robledo Puch es su condición de preso institucionalizado. No conoce otra forma de vida y cuando le abrís la jaula sale aterrorizado. ¿Cómo fue esa salida?

RP: Me costaba verlo como un ser humano, por eso digo que es medio marciano. Di con él su  primer paseo y me acuerdo que era ajeno al mundo y no existía el exterior. Muchas veces me llamaba el abogado y me decía: “Che, el loco quiere volver a la cárcel”. Fui a donde vivía y las condiciones eran peores que en una celda. Vivía con unas sobrinas y no lo dejaban ver la televisión. El, en la cárcel, mientras miraba televisión,  tiraba piñas y hablaba con los personajes. Su deseo de volver a la cárcel era porque no conocía otro mundo que no fuera ese. En la cárcel, según él, estaba bien. La televisión era su mundo.

JFD: Dicen que nosotros vistos de cerca somos monstruos. Los monstruos de cerca, ¿son como nosotros?

RP: Tengo que decirles que si. Salvo en el caso de Arquímedes Puccio y Robledo Puch, uno encuentra que no están todo el día matando y deseando el mal. Todos tienen  un costado por el cual uno pueda identificarse. Y si bien han hecho cosas de monstruos, en el fondo son seres que, como decía Soriano, “cuando comenten su primer crimen, terminan autoeliminándose”. Todos, de alguna manera, son muertos en vida.

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