Julián Varsavsky coordina el Taller Viajar para contarla  los martes de mayo y junio a las 19 en Fundación TEM. Aquí brinda detalles sobre la propuesta de su Taller. Además habla de la importancia de la lectura y de los conocimientos necesarios para redescubrir el mundo y narrarlo. 

-¿Cuál es la propuesta general del taller?
-Intentar ofrecer herramientas técnicas para desarrollar las especificidades de la escritura narrativa del género non fiction mediante un ritmo intenso de escritura y lectura, que dependerá del nivel de compromiso del tallerista. Y que a lo largo de los 8 encuentros cada persona produzca una crónica completa y bien desarrollada de un viaje con una cabeza intrigante y de impacto, un ritmo fluido y entretenido, una prosa elegante, una temática atractiva tratada a fondo y un cierre englobador que, con alguna sutileza, tenga la contundencia de un cross a la mandíbula y quede resonando por un tiempo en la memoria del lector.

-¿Es necesario tener conocimientos previos de escritura y/o haber viajado?
-No pondría requisitos para mis talleres pero me da la impresión de que hay uno que se cumple de manera implícita: todos los inscriptos que han habido hasta ahora tuvieron, casi sin excepción, algún tipo de formación terciaria o universitaria -así fuesen estudiantes-, la mayoría en ciencias sociales muy diversas. Creo de todas formas que este no es un requisito sino más bien el perfil de quienes se anotan. Está claro, en todo caso, que este no sería un taller para gente que no lee literatura ni periodismo narrativo. Algunos participantes tenían experiencia en escritura periodística informativa o eran ya periodistas, pero todos dominaban al menos el lenguaje escrito académico. Una vez una alumna me dijo “no tengo ningún viaje” y entonces tuve una disyuntiva pedagógica. Pero incluso a partir del viaje más sencillo como una escapada bonaerense bien trabajada, puede surgir una buena crónica. 

-“Una cosa es informar lo que se ve y otra cosa es narrarlo”, decís en los lineamientos del taller. ¿En qué consiste esta diferencia? ¿Por qué la mencionás?
-Yo podría ir mañana al delta de Tigre y en el contexto de una determinada crónica, informar cuál es el escenario de los hechos con una especie de dibujo técnico en palabras: “estoy sentado en el muelle al atardecer y veo una luciérnaga titilar”. Pero si fuese Borges encontraría una forma más estética de decirlo, por ejemplo con este haiku de su libro La Cifra: “¿Es un imperio esa luz que se apaga o una luciérnaga?”. O podría informarte que tal niña entró al cuarto en silencio. Pero si fuese García Márquez diría “la niña entró con el sigilo de una serpiente”. Nadie saldrá del taller siendo Borges o García Márquez, pero la idea es adquirir instrumentos prestados de la literatura para convertir informaciones en narraciones. Lo menciono porque esta es una marca central del también llamado Nuevo Periodismo -ya no tan nuevo- que se roza en algunos aspectos con la literatura.

-¿Cuál es la importancia de las lecturas que proponés como complemento de la escritura?
-Son por un lado, fuente de inspiración. Los compositores de música orquestal escuchan mucha música en sus años de formación y desarrollan un oído que les permite identificar la sutileza más refinada y la complejidad de las obras más originales y valiosas. Yo creo que para llegar al periodismo narrativo, entre otra cosas, hay que entrenar el oído; es decir, oír en nuestra mente la sonoridad de la prosa periodística de grandes maestros como Juan Villoro y García Márquez, para desarrollar un gusto sofisticado que nos permita “paladear” las palabras, a veces en un sentido casi poético pero sin abandonar nunca el non fiction y sus limitaciones. Y a partir de esto buscaremos intentar ese mismo efecto en nuestros lectores. En segundo lugar, estas lecturas sirven para identificar los recursos retóricos y la estructura interna de un relato, así como un estudiante de medicina disecciona un cadáver para ver qué hay adentro y entender el cómo. Por suerte lo nuestro es más agradable.

– ¿Cuál es el rol del periodismo de viajes en una era de redes sociales, donde mucha gente escribe, twittea y fotografía sus experiencias viajeras?
-No sé si un periodista debe tener un rol en las redes sociales porque no creo que sean un medio de comunicación en sí mismas: las veo más como un complemento de alguna otra cosa. No es que no comuniquen socialmente sino que sus códigos y rigores profesionales suelen ser otros y en general más livianos, precisamente porque los contenidos no los producen profesionales salvo excepciones (aunque en los medios de comunicación formales nada garantiza a priori que no reine la misma liviandad). Yo celebro que las redes sociales sean libres y que cada quien que publique lo que quiera siendo su propio editor. Pero periodismo es otra cosa. Algunos alumnos se han acercado a mis talleres con la idea de hacer el blog de un largo viaje que están por emprender, lo cual me parece auspicioso. Hoy cualquiera hace un blog así que está lleno de blogs de viajes, un privilegio de los tiempos tecnodigitales que tenemos la suerte de vivir. Pero claro, de todos esos blogs unos pocos tienen un valor periodístico que desde mi punto de vista valga la pena seguir. Lo más común -a pesar de las excepciones- es la exposición hiper-narcisista del “mirá como gozo” que teoriza el filósofo Byung-Chul Han sobre el panóptico digital. Quizás me equivoque porque los códigos comunicativos están cambiando, pero no creo que desde una postura enunciativa tan egocéntrica se puedan transmitir muchas sensaciones trascendentes ni se reconstruyan vivencias en la cabeza del lector con un relato potente. Leila Guerriero, en un texto sobre la crónica de viajes en revista Altaïr, escribió con cierta crueldad que: “Viajar para contar es, sobre todo, eso: ver lo que está, pero que nadie ve… Y para los profetas de lo nuevo, los cyberlotodos, los que aseguran que cualquiera munido de celular y su bloggito puede contar el mundo: la crónica de viaje es el ejemplo de que no todos pueden hacerlo. Donde hacerlo quiere decir hacerlo bien. ”.  

 

 

Deja un comentario