En el marco del Día del Periodista, Fundación TEM entrevistó a Carlos Ulanovsky, que reflexionó sobre el vínculo entre trabajadores de prensa, lectores y nuevos modelos comunicativos. Aquí, sus respuestas, que nos ayudan a seguir pensando el presente de un oficio en transformación.

-¿En qué tipo de lector piensa usted cuando escribe?

-Pienso en ese lector que soy yo mismo. Escribo tratando de honrar al máximo una frase de García Márquez: “Cuando uno se aburre escribiendo, el lector se aburre leyendo”. Sabias palabras. A veces pasa que, frente a un texto, cabeceamos y pestañeamos. A esta altura uno ya sabe cuándo un escrito nos pone palomas en la mente y en el corazón y cuando esas palomas se contagian de nuestros propios bostezos.

-¿Cómo cambió el lector de periodismo a lo largo de los años?

-El cambio viene de lejos. Por ejemplo, a mediados de la década del 80, cuando desde los principales centros de poder los descubridores de tendencias dieron por cierto que la gente leía menos, mucho menos o que ya ni siquiera leía. En 1985 aparece en los Estados Unidos el diario US Today, hecho a imagen y semejanza de la televisión: a todo color, con muchas imágenes e infografías, notas que nunca debían superar las 50 líneas, sin noticias principales en cada página, lo que permitía abordar el diario por cualquier lugar y lo que propiciaba un estilo de lectura tipo “zapping”. Era un diario desechable, cuya lectura debía resistir lo que durara el viaje en tren entre algún suburbio neoyorquino y Manhattan. Desde entonces, el éxito de ese diario cautivó a muchos otros medios del mundo, que procuraron imitarlo.

A puro ojo nomás, uno podría afirmar que, rediseño tras rediseño, los diarios actuales, comparados con los de la década del 80 contienen un 30-40 por ciento menos de texto. Esas modificaciones –basadas en la discutible idea de que una imagen vale más que mil palabras– le restaron a los medios impresos buena parte de su identidad de origen.

Paralelo a esos cambios y a las restricciones económicas que, en países como el nuestro, a muchos le impiden comprar el diario, también cambiaron los lectores. Sin embargo, me sigue conmoviendo en bares y restaurantes ver que mucha gente sigue necesitada de conservar el pacto de lectura con el diario de su preferencia. En este análisis también debemos incluir a los miles que hoy reciben La Nación y Clarín únicamente por mantener vigentes las tarjetas de descuentos y al diario ni siquiera lo hojean.

-¿Cree usted que los entornos digitales novedosos modifican el modo en que le gente lee y consume esa información? ¿Esto es positivo o negativo?

-Por supuesto que se lee diferente. Hace diez años no existían los “zócalos” televisivos ni tampoco aplicaciones y pocos soñaban con dispositivos semejantes a unidades móviles de información. Vaya donde vaya hoy veo gente leyendo con devoción. Pero no diarios o revistas y mucho menos libros, sino celulares. La masividad de esa costumbre origina que muchos expertos tengan sobre el fenómeno una mirada positiva o indulgente y sostengan que en la actualidad se lee más que antes.

Si es positivo o negativo no me siento en condiciones de afirmarlo. Tal vez deba pasar el tiempo de una generación para que empecemos a saberlo. De lo que estoy seguro es que estas herramientas de multiconexión no nos vuelven personas más conectadas sino, casi todo lo contrario.

-En los modelos actuales de negocios los lectores son considerados “consumidores de información”. ¿Comparte usted este concepto?

-La expresión citada no es otra cosa que una sutileza semántica, probablemente olvidable a corto plazo , o suplantable por alguna otra. Y es tan incierta como lo que usted denomina “modelos de negocios actuales”. Lo cierto es que el viejo modelo de negocios –bicentenario e incluso un poco más anciano– cruje por todos los costados  pero sigue de pie y se resiste a desaparecer porque es el único que todavía reporta alguna clase de ganancias.El nuevo modelo de negocios es un párvulo que babea por todos lados y, aunque provoca asombro cotidiano por el momento, no le saca una sonrisa a nadie. En todo el mundo occidental y capitalista el periodismo atraviesa un momento de transición con final todavía demasiado incierto. Y eso es motivo de honda preocupación porque los medios escritos se venden cada día menos, los on line son la gran novedad pero no son rentables y los precarizados periodistas cada día sufren la amputación de una nueva conquista laboral.

-¿Cómo debería plantear el periodismo el lugar del lector en esta nueva coyuntura?

-Debería plantearlo igual que siempre, aunque haya equívocos tales, como que hoy, desde las redes sociales, muchos no periodistas hacen lo mismo que nosotros: capturan y distribuyen información. En lo que respecta a nosotros, que en los años 90 nos imaginamos jueces y fiscales y últimamente procedemos a la manera de un partido político, la recomendación debería ser la más tradicional. Nuestra tarea sigue siendo –nada más, nada menos– la de buscar información en fuentes confiables, trabajarla, sistematizarla, ponerla en valor periodístico y comunicarla de la manera más honesta posible, alejada de operaciones, de intereses y de truchadas.

-¿Por qué sigue siendo necesario el periodismo como oficio?

-Primero, me gusta que lo llamen oficio. Siempre lo sentí así, en especial desde que viví afuera de la Argentina y como absoluto desconocido que era en ese otro país tuve que probar que no desconocía la actividad. Ahí, sentado frente a una máquina, me sentí como un buen talabartero, un buen ebanista o un buen colocador de alfombras.

Coincido con Cristian Alarcón cuando dice que vivimos en una parte del continente sudamericano que está colmada de historias para ser contadas. Y si la realidad está plagada de preguntas interesantes a nosotros los periodistas nos toca organizar las respuestas hasta descubrirles razón y sentido. Algún cínico diría que el periodismo es útil porque nos provee temas de conversación en la esquina del barrio, en el café, en la oficina o cuando volvemos a casa: “¿viste lo que pasó?”; “¿te enteraste que?”; “¿supiste lo de?”. Y yo, que me harté del cinismo, digo que enciendo el televisor cada mañana para enterarme qué temperatura hace o si debo o no llevar paraguas. El periodismo me sirve para saber al despertarme que el mundo sigue en el mismo lugar que cuando me dormí.

 BIO

Carlos Ulanovsky. Periodista y Escritor. Trabajo actual: conductor en radio Nacional del programa de cultura y espectáculos El lugar del otro (Entrevistas Dobles). También,cada tanto, escribo libros.Muchas gracias por la invitación y Feliz Día del Periodista.

(Foto: Inés Ulanovsky)

 

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