El gran cronista norteamericano, autor de una de las biografías más completas sobre el “Che” Guevara, dialogó con los estudiantes de la Especialización en Periodismo Narrativo FTEM. La entrevista fue coordinada por la docente Adriana Amado. Cecilia González, corresponsal de la agencia Notimex, participó de este encuentro y escribió el texto que aquí compartimos.

El periodista y escritor estadunidense Jon Lee Anderson convocó a elegir las palabras precisas para escribir crónicas de largo aliento que remuevan conciencias, aprovechando el privilegio que tienen los periodistas de ser testigos directos de la Historia.

“Muchas crónicas no tienen que ser tan exquisitas, sobre todo se puede escenificar lo que uno ha vivido para que los lectores se sientan ahí atrapados por lo que has escrito, si logras eso, ellos siempre lo van a recordar”, afirmó.

Anderson, autor de una de la biografías más profundas de Ernesto “Che” Guevara, dialogó con la investigadora y analista política argentina Adriana Amado en la sede de la Fundación Tomás Eloy Martínez (TEM), en Buenos Aires.

Frente a los alumnos de la Especialización de Periodismo Narrativo de esta Fundación, Anderson habló sobre la crónica y el periodismo narrativo, la necesidad de leer poesía para mejorar la escritura y de combatir prejuicios y estereotipos al momento de reportear.

“Para algo escribimos, es ese granito de arena que ponemos. Sólo puedes escribir bien si eres sensible y tienes empatía. Si no tienes rabia cuando un niño muere, tu trabajo será muy seco para ti y para la persona que lo lea”, afirmó.

Anderson, quien ha sido corresponsal de guerra y cubierto algunos de los acontecimientos más importantes de América Latina en las últimas décadas, consideró que, para ser un buen periodista, se debe prescindir del bagaje cultural propio.

“Hay que dejar atrás los prejuicios, las formas que aprendimos de mirar el mundo, lo que creemos de la gente de otros países, porque eso no nos ayuda a hacer buen periodismo”, dijo.

En su manera de ejercer el oficio, explicó, “intento mostrar lo que está detrás de los estereotipos y los prejuicios que sé que existen entre quienes van a leer la nota”.

Aunque reconoció que este desprendimiento no se va a lograr del todo, ya que es una utopía pensar en la objetividad, la imparcialidad o en una mirada totalmente justa, advirtió que se debe hacer un esfuerzo porque sólo así saldrán trabajos de calidad.

Por otra parte, se refirió a “la generación Iphone”, como califica a los periodistas que dependen cada vez más de la tecnología y de lo virtual y que se alejan de las experiencias directas que son la base fundamental para contar historias periodísticas.

“Yo sí recuerdo una vida distinta y a veces siento que estoy a punto de perder experiencias. Llevo el teléfono a regañadientes porque una herramienta comunicativa no te va a hacer mejor periodista ni mucho menos, te va a dificultar el trabajo”, alertó.

Sobre la cobertura en situaciones de conflicto, asumió que siempre es más fácil no tomar partido cuando se escribe sobre una guerra en otros países y no en el propio, además de que justificó la falta de matices con la que trabajan periodistas jóvenes, ya que eso se debe a la inexperiencia e idealismos normales de la edad.

Lo importante, agregó, es reportear con honestidad, enfrentar los desafíos morales y filosóficos que implican una guerra, estar tanto con gente que no cae bien como con la que el periodista se encariña, pero sin encubrir a nadie, denunciar las atrocidades sin importar quiénes las cometan.

En torno al periodismo narrativo, consideró que este género “permite que uno exorcise y se explaye. Lo que intento hacer es que el lector sienta lo que sentí, es un reto porque lo tengo que hacer con palabras, si algo me hizo llorar intento escribir para que ellos lloren. Lo he logrado un par de veces”.

El texto en versión web se puede leer acá.

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