Es un honor para la Fundación TEM compartir con nuestros lectores, en el ciclo de cuentos de los lunesInterior post rupestre, un relato inédito del escritor argentino Carlos Busqued, autor de Bajo este sol tremendo, la novela finalista del Premio Herralde 2008.

CARLOS BUSQUED

1-Phil Dick

Gestos aleatorios por el seteo de los microservos de la cabeza mecánica. Breve reposo, el ronroneo de los enfriadores del procesador. Y luego la vida: la cabeza abre los ojos y sonríe como un abrelatas. El maxilar inferior comienza a moverse.
-Hola, doctor Cherasny. Soy Phil Dick, el famoso escritor. No soy una persona. Soy un algoritmo de comunicación. Es muy importante que recuerde eso.
La cabeza mecánica de Phil Dick está fijada a un maniquí sentado en un sillón, con las manos sobre los apoyabrazos y las piernas cruzadas un poco antinaturalmente. Está vestido con zapatillas de lona, jeans, camisa celeste y chaleco de lana rojo. Cherasny está sentado frente al androide, justo donde termina la mirada de los ojos mecánicos. De hecho, enfrentado y en un sillón idéntico, Cherasny parece una imitación orgánica del androide. La voz de robot sale de los parlantes del equipo de audio y le llega desde atrás, acercando la experiencia a una comunicación telepática.
-¿Estamos de acuerdo en que no soy una persona?
-Sí
-Podemos seguir hablando, entonces. Nuestra última conversación fue ayer.


2-Las otras personas

Cuando se mudó abajo, Cherasny dejó arriba dos tambores de 200 litros de agua y buena cantidad de latas de atún, corned beef, picadillo, jardinera, arvejas y duraznos y peras en almíbar.

La gente no murió toda de golpe. La que llegó a la sierra, por lo menos, duró un poco más. La casa de arriba sirvió para refugio de varias personas, el primer tiempo. Algunos comieron de las latas, pero la mayoría se limitaba a beber agua de a sorbos, sentarse y morir. Los cuerpos quedaban ahí hasta que llegaban otras personas. Los nuevos sacaban los cadáveres afuera y se instalaban, y morían ellos también. Cuando se acabó el agua, abrían las latas y se tomaban el líquido. Este ciclo triste sucedió varias veces. Y después ya no vino nadie.


3-Partirse, hacerse astillas

-Hexagrama 23. Po, la desintegración. Me temo que es un presagio oscuro. De mucha cautela, en el mejor de los casos. Las ideas asociadas a este hexagrama son: resquebrajar, separar, desmembrar…
La cadencia mecánica de conceptos (“…desollar, partirse, hacerse astillas, la casa que se cae por los cimientos, la plaga, la putrefacción, deterioro, despojar, quedar desprotegido, espera, la alerta…”) salen de la boca del androide, le llegan a Cherasny desde atrás por los parlantes y entran en su conciencia como mensajes comprimidos que se abren adentro suyo.


4-Las cámaras

El refugio está conectado con el exterior por dos túneles de doble sello y un sistema de cámaras que permitían ver algunos cuartos de la casa y una panorámica desde la torre del tanque de agua.
Las cámaras de arriba funcionaron bien los primeros meses, pero sin mantenimiento fueron apagándose. Las cámaras de seguridad del refugio funcionan bien. Para controlarse, Cherasny se graba y pasa algunas horas estudiando sus movimientos.


5-El pozo

Es una perforación cilíndrica en el piso del depósito, amurada, del diámetro de un lavarropas. Tiene una escalera hecha con arcos de hierro de construcción, empotrados en la pared. Es el acceso a un depósito natural de agua subterránea, veinte metros abajo del nivel del refugio.
Cuando la bomba de mano (floja, llena de aire), dejó de extraer agua, tuvo que correr la tapa del pozo y bajar, asegurado con cuerdas y arnés. Iluminaba con una linterna de cinco elementos. Comprobó la existencia de agua, sólo que estaba a un nivel inferior al caño de extracción. A partir de ahí tuvo que bajar a buscar agua con un balde.


6- La cabeza

Phil Dick fue, originalmente, un trabajo de mecatrónica y programación de lenguaje natural, de la época en que Cherasny estaba todavía en la universidad. Fue uno de los “recuerdos” que se llevó a su casa el día que estuvo por última vez en el laboratorio, años antes de mudarse a la sierra.
Cuando bajar al refugio se convirtió en una posibilidad concreta, consideró prudente fabricar una entidad externa que lo “ordenara”. Retocó el programa original de la cabeza (un rudimentario algoritmo de comunicación y autoaprendizaje) para una conversación diaria que lo chequeara en diez o doce aspectos básicos. Conectó el procesador a un disco de memoria más grande en el que cargó información diversa para conversación, una grilla de preguntas fijas y el texto del i ching con seis libros de interpretaciones complementarias.


7-Dioramas del futuro

A veces baja con el balde como excusa, para sentirse solo. Apaga la linterna y se queda al final del pozo, con los pies en un escalón y la espalda apretada contra la pared del túnel, mirando para arriba. La boca del pozo es un agujero gris recortado en el centro de la negrura espesa de las paredes.

Cuando todavía no se había mudado a la sierra, Cherasny iba seguido al museo de ciencias naturales. Le gustaba mirar los dioramas que mostraban la vida en la ciudad miles de años atrás. Escenas de la vida en cavernas, con maniquíes de cavernícolas reunidos alrededor del fuego, o pintando manos en las paredes. Ahora piensa que tal vez esos maniquíes sean de las pocas formas humanas que siguen de pie en el mundo.

Tal vez él mismo merece un diorama en algún museo del futuro.

Una reconstrucción a escala, una sección longitudinal de sus instalaciones, con cotas, números y flechas señalando los puntos notables: la casa de arriba. Los dos accesos sellados. treinta y dos metros más abajo, el refugio. Desde el refugio, un tubo de concreto que baja veintipico metros más hasta un depósito subterráneo de agua. Y ahí, en el tramo inferior del tubo, él, colgando de una soga con un arnés, mirando para arriba. Puede imaginarse los nombres expuestos a un costado del diorama: “dormitorio”, “cocina”, “androide de Philip Dick”,“sistema de aireación”, “filtros”, “periscopios”, “depósito”, “arsenal”, “explosivos”, “pozo de agua”. La única duda se plantea cuando llega a él colgando al fondo del pozo. se pregunta con qué concepto estaría rotulado. Cuál sería su nombre de diorama. también, a lo último, agrega un rótulo afuera de todo: “exterior”


8-Las líneas mutantes del hexagrama

Cherasny sentado frente al androide. En una mano tiene la pistola de aire comprimido abierta, y con la otra mano carga un balín en la recámara.
-Esta línea describe a una persona en un mal ambiente, -dice el androide- al cual está ligado por circunstancias externas. Está rodeado de hombres llenos de bajeza. Hablamos de la lenta destrucción de las cosas, de los programas, de las situaciones. del desgaste que acaba con los nervios y destruye el carácter. Pero esta otra línea es auspiciosa.
Cherasny ahora cierra un ojo y pasea la puntería por la cara del androide.
-Contame, por favor.
Presiona el gatillo. El balín atraviesa una de las orejas de plástico y rebota en la pared de concreto.
-Es el nueve de arriba. Significa: “Hay un fruto, todavía no comido. El noble obtiene un carruaje, al vulgar se le desintegra la casa”. La línea acerca este hexagrama a su sucesor: 24. Fu, el retorno.
-¿Quién es el vulgar, acá?¿Hay otra gente afuera?¿Quién soy yo en esta situación?
-Usted es la persona que consulta, y a la cual el oráculo responde.
-Ok. Por favor, -Cherasny carga de nuevo- decime algo aleatorio que complete esta información.
unos segundos de silencio.
-Cocodrilos del Sahara. el Sahara es un desierto, pero también es una selva en retirada. En el medio del Sahara quedan pozos aislados de agua, que se llenan con las lluvias. Allí viven cocodrilos. en la estación seca, los cocodrilos se van a vivir debajo de la tierra, en pozos húmedos que llegan a los veinte metros de profundidad. Cuando vuelve la lluvia, salen de las cuevas y viven en equilibrio con los pobladores.
-Muchas gracias. Supongo que esos cocodrilos deben ser historia, ahora.
-No comprendo. En qué sentido los cocodrilos deben ser historia.
-Digo, supongo que habrán muerto todos.
-Lo lamento. Entonces, de existir una relación, es muy probable que ya no sea válida.
Cherasny apunta contra la frente del androide y dispara. El balín se mete en la espuma de poliuretano símil piel, centímetros arriba del punto medio entre los ojos, y se detiene contra la placa de acrílico que hay detrás. El androide arquea las cejas y se detiene en ese último movimiento, con los ojos abiertos. Reseteándose.

Esto no sucede ahora. Esto sucedió hace un rato, y ahora Cherasny lo está mirando muy atentamente en su televisor. Mira la charla completa, la vuelve al principio y arranca de nuevo.

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*Carlos Busqued nació en Presidencia Roque Sáenz Peña, Chaco, en 1970 y actualmente vive en Buenos Aires. Produjo los programas de radio Vidas Ejemplares, El otoño en Pekín y Prisionero del Planeta Infierno. Colaboró en la revista El Ojo con Dientes. Da clases en la UTN y su novela Bajo este sol tremendo fue publicada por Anagrama en el 2008. Escribe en su blog BordelineCarlito. Dicta el taller de novela en la Fundación Tomás Eloy Martínez.

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