Gonzalo Sánchez nació en Lomas de Zamora, en el año 1977. Es periodista desde 1998. Trabajó en el diario Perfil, las revistas Noticias y Veintitrés y el diario Crítica de la Argentina. Como documentalista realizó investigaciones para la Televisión Española y Francesa y participó del equipo de realización de Bric, el nuevo mundo. Actualmente es editor de Sociedad en el diario Clarín. Es autor de La Patagonia vendida. Los nuevos dueños de la tierra (Marea, 2006). La Patagonia perdida es su segundo libro.

Recuperar la voz de los desposeídos y darle entidad a los desterrados: esa podría ser una de las premisas que atraviesan La Patagonia perdida. La lucha por la tierra en el fin del mundo. En una inquietante investigación que refleja las voces de las comunidades aborígenes, Sánchez registra esos grupos que luchan a diario y sin respiro por las tierras que les fueron arrebatadas desde que la historia Argentina comenzó a escribirse. El periodista habló con la Fundación Tomás Eloy Martínez con motivo del lanzamiento de su nuevo libro, que será presentado el próximo martes 13 de diciembre a las 19 horas, en la sede de la Fundación TEM (Carlos Calvo 4319).

Gonzalo Sánchez / Foto: Archivo autor

1- En el epígrafe de su libro -una frase de Octavio Paz- se lee: “Un paisaje no es la descripción, más o menos acertada, de lo que ven nuestros ojos sino la revelación de lo que está detrás de las apariciones visuales”. ¿Sus libros sobre la Patagonia intentan reflejar lo que está detrás de ese paisaje?

Definitivamente. No intenté ser sútil con esto. Entiendo que detrás de las postales de confín, detrás del folleto que invitar a recorrer el Sur, hay un escenario de incendio y desigualdad, que se ve poco o casi nada. No hay una Patagonia, no hay glamour y la idea de Patagonia como destino turístico y lugar de encanto se desvanece frente a un ejercicio de permanencia en la región, que fue lo que hice. Mientras escribía e investigaba estaba leyendo algunos libros de Octavio Paz y en uno de sus ensayos di con el texto. No hubo mucho que pensar. Quería ser claro.

2- En una entrevista sobre la Patagonia vendida, usted aseguraba que la investigación previa estaba cargada de prejuicios. En este caso, ¿tenía ideas preconcebidas con respecto a las comunidades aborígenes?

En Patagonia Vendida quise saber por qué los magnates llegaron al Sur para comprarse todo y en ese largo viaje que implicó investigarlos fui descubriendo matices y situaciones que me descolocaban. Yo pensaba inicialmente que todos eran malos, cucos que venían por todo, los recursos, el agua. Pero fui viendo que no todo era tan brutal y me fui despojando de ciertas ideas equivocadas previas. Lo que sí confirme es que los procesos de concentración son evidentes y que mientras unos acumulan tierra, los originarios siguen sin nada, reclamando lo que les corresponde y viviendo a duras penas. Pero entre un libro y otro pasaron cinco años. Fueron dos ejercicios diferentes. En todo este tiempo yo crecí y maduré políticamente. No era el mismo a la hora de sentarme a escribir Patagonia Perdida. Estaba modificado por varias de las experiencias de encuentro en los territorios y entendía perfectamente cuáles eran los reclamos y las situaciones que enfrentaban estas personas, los desterrados del Sur. El desafío era poder narrarlos y ser una humilde caja de resonancia de historias silenciadas. Ese fue el objetivo.

3- ¿Por qué un segundo libro sobre la Patagonia? ¿Su investigación pretende hacer justicia por esas comunidades olvidadas por el gran relato de los medios?

Si el libro ayuda a modificar una situación que es injusta a todas luces mucho mejor. Pero yo debo ser honesto con mis intenciones. A mí me interesa la Patagonia como territorio de mis indagaciones profesionales. Más allá de las guerras por la tierra, mi intención es continuar convirtiendo a la Patagonia en el escenario de mis próximos trabajos. Pero llevaba una carga pesada: en el pasado me había ocupado de los millonarios y sentía que no podía seguir adelante con otro trabajo si no le daba voz a los más débiles. Estaba rengo y quería equilibrar la balanza, compensar obra. Si yo no hablaba de ese Sur descarnado no iba a poder seguir adelante con mis otros proyectos. Y tampoco iba a sentir la tranquilidad de conciencia que siento ahora.

4- En el libro se advierte un gran trabajo cotidiano con las comunidades indígenas, ¿podría explicar cómo fue ese trabajo tan minucioso y cómo logró plasmarlo en el texto?

Debo agradecer al periodista y director de cine chileno José Maldavsky. El libro se hizo al mismo tiempo que rodamos un documental para la Television Francesa. Maldavsky, el director, me enseñó sobre la paciencia y la humildad, me transmitió esos valores como nunca nadie antes me los había enseñado alguien antes. Me dijo: para poder contar sus vidas, tenemos que ser parte de ellas, pero para lograrlo primero tenemos que demostrar respeto y humildad. Eso implicó hacer varios viajes al Sur solo para compartir un mate, conversar y poco más. Pero el resultado consistió en que lentamente fuimos ganando la confianza de grupos que tienen muy buenas razones para desconfiar del hombre blanco. Narrarlos no fue un problema, porque el nivel de detalle alcanzado con tanto trabajo de campo me generó, a la hora de sentarme, a escribir una montaña de material.

5- Al darle la palabra a los desterrados, la mirada del lector se divide en dos. Por un lado, la voz de los magnates dueños de la tierra; y por el otro, una mirada atravesada por la voz de las comunidades. ¿Fue una intención del principio crear esas dos patagonias posibles?

Sí, era la búsqueda, definir el conflicto, sus rásgos y peculiaridades, a través de miradas opuestas. Dos formas de entender la vida y el mundo.

6- ¿Qué relación tiene con el relato o la crónica de viajes? ¿Cuáles son los cronistas que le gustan?

Creo en el buen periodismo y el compromiso con la verdad, también con la raíz natural de nuestra profesión, que consiste en ser críticos y poner situaciones en blanco sobre negro. La crónica quizás sea una camino interesante para llevar todo eso a la práctica. Pero si tengo que elegir entre la verdad y el estilo, elijo la verdad. Admiro a Martín Caparrós y a Jhon Krakauer.

7- ¿Qué episodio de la investigación le causó mayor indignación?

No quiero sonar escandalizado. Traté durante el texto de compartir con los lectores mi asombro y ciertos momentos de bronca. Pero me cuesta hablar sobre el libro en sí. Prefiero que hablen los lectores.

Deja un comentario