Vera Giaconi coordina el Taller Lo que se cuenta los miércoles de abril y mayo a las 19 en Fundación TEM. Aquí, algunas características de su propuesta y una reflexión sobre el cuento como género frágil y poderoso a la vez. 

-¿Cuál es la propuesta general del taller?

-Desde la teoría y la práctica, con lecturas y consignas de escritura, en este taller propongo discutir ciertas nociones básicas que existen alrededor del género cuento y explorar las herramientas que necesitamos para crear historias que puedan salir de la página para interpelar y conmover al lector.

-¿Es necesario tener conocimientos previos o un proyecto de escritura en marcha?
-No hacen falta conocimientos previos ni un proyecto en marcha. La idea es pensar y discutir lo necesario para, a partir de entonces, encarar la escritura de un cuento con la mayor cantidad de herramientas posibles.

-¿Cómo hace un escritor para elegir las herramientas adecuadas para su historia? ¿Cuál es la importancia de conocer estas herramientas?
-Al escribir podemos caer en trampas como nuestros prejuicios o los lugares comunes desde lo que se suelen abordar ciertos temas. O necesitamos saber cuándo iluminar un detalle o cuándo pasar por alto un camino tentador pero innecesario para la trama. El ritmo que necesita una frase o la voz que conviene darle a un narrador para que conquiste al lector también son decisiones que hay tomar antes o mientras estamos escribiendo. Y tomar ese tipo de decisiones a veces es algo intuitivo, pero la mayoría de las veces depende de poder tomar distancia de lo que estamos haciendo para analizarlo y elegir con qué instrumento avanzar, intervenir o modificar el rumbo. Creo que conocer las técnicas y herramientas narrativas con las que se construye una historia es una forma de crear un puente entre la emoción y el sentido, y que pensar y discutir acerca de esos instrumentos y ponerlos a prueba es la mejor forma de aprender a pensar un cuento y de entrenar, además, la intuición.

-¿Por qué seleccionaste autores como Cheever, Shirley Jackson o Felisberto Hernández para trabajar durante el taller?
-Elegí autores, pero especialmente elegí cuentos, determinados cuentos que son una guía y que además me van a ayudar a hablar de algunas cosas que me parecen fundamentales: desde la creación de un personaje y las formas de construir una trama, hasta las relaciones que pueden establecerse con el lector a través de los distintos puntos de vista narrativos. Y trabajar con autores que van de Cheever a Shirley Jackson, con todos los que hay entre ellos, es una forma de abrir el juego a distintos géneros, de pensar desde el realismo pero también desde el fantástico, de no analizar una sola forma de cuento y sus posibilidades sino de combinar la mayor cantidad de miradas posibles sobre el mundo y las maneras de narrarlo. Y sobre todo de compartir la enorme belleza de cada una de estas historias.

-¿Por qué considerás que el cuento, como decís en la presentación del taller, es un artefacto “frágil y fascinante”?
-El cuento como género es muy poderoso. Cuando establece una relación genuina con el lector, cuando se convierte en una experiencia, el cuento queda, deja una huella y produce un efecto de lectura muy diferente al que produce la novela. La experiencia es breve pero, si todo funciona, mucho más intensa, porque la magia ocurre en pocas páginas, a veces con muy pocas palabras. Pero esa misma brevedad hace que también sea frágil, porque la relación con el lector debe renovarse en cada línea; la tensión y el interés, la belleza y la acción deben estar vivos siempre. Como yo lo veo, un cuento debe ofrecer una sensación verdadera, y conseguirlo a veces no depende de la habilidad técnica, sino de haber sabido sentir y pensar, y de construir con eso un pequeño mundo que le permita al lector lo mismo: pensar y sentir.

(Foto: Verónica Martínez / Archivo Fundación TEM)

 

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